Fernando Ojeda Llanes (*)

Se ha observado en las empresas de todo tipo una disminución en su volumen de ventas, tanto en unidades como en valores, algunas de éstas igualan o superan en cantidades irrelevantes las del año anterior, pero no llegan a su presupuesto evitando su crecimiento que han señalado como objetivo.

Con lo anterior mencionado tenemos que estar alertas porque el país afronta una desaceleración, que, aunque los economistas técnicamente no le denominan recesión, el panorama económico es alarmante, la disminución de ventas se registra en sectores de servicios, consumo masivo, bienes duraderos y en algunos casos en perecederos. Según datos proporcionados por diversos departamentos de ventas empresariales y análisis económicos, las ventas totales en el país han caído un 17% durante los meses de abril y mayo; esto genera una preocupación entre inversionistas, consumidores y empresas.

Podemos inferir que los factores más a la vista son el bajo crecimiento económico del país y la inflación, esto erosiona el poder adquisitivo de la población, se están encareciendo tanto los productos importados como los de producción nacional. También se puede considerar que la situación de imposición de aranceles de los Estados Unidos y su incertidumbre afecta el mercado global.

Los economistas mencionan, y un servidor lo ha observado, que los consumidores son más cautelosos, selectivos y reducen compras por impulso. Estos cambios en los clientes de las empresas están generando una advertencia para replantear las estrategias necesarias, no solo del área comercial, sino también de las operativas. En cuanto a importaciones y exportaciones el tipo de cambio ha demostrado curvas ascendentes y descendentes en el comportamiento de su valor generando incertidumbre en cuanto a comprar o no instrumentos financieros para su protección. En México, en tiempos anteriores, era precisamente el tipo de cambio del dólar el que mostraba las tendencias económicas del mercado, sin embargo, ahora no está sucediendo esta situación. El precio de la divisa ya no puede servirnos de guía para el diseño de nuestras estrategias en general.

Ya no es posible que siempre en las empresas, cuando no se cubren los presupuestos de ingresos, se culpe a la situación macroeconómica del país; hay otros factores que no se relacionan con esto, como por ejemplo la intensificación de la competencia por nuevas empresas y muy en especial las digitales o las que por volumen disminuyen sus precios que captan el interés de los consumidores con promociones agresivas, entregas rápidas y ajuste en los precios. En la prestación de servicios profesionales hay una tendencia a una competencia antiética bajando precios de manera abrupta, disminuyendo la calidad de los estudios.

Cantidad de empresas tienen problemas internos en su cadena de suministro, especialmente de logística y distribución, recortan su mercadotecnia y sus áreas de inteligencia, esto hace que no se tenga una visión clara del mercado de conjunto en el momento que más se necesita. Cierto que a la planeación estratégica a largo plazo se le da cierto seguimiento, pero es el momento de atacar los problemas de corto plazo. Tener una vigilancia constante a su capital de trabajo, que contiene los renglones financieros para cuidar la liquidez que puede escasear al disminuir la utilidad de operación.

Ante este panorama deben trazarse planes para la recuperación tales como: revisión de precios, especialmente en su mezcla de productos a efecto de darle seguimiento a su resultado financiero de operación, lanzar promociones que sean atractivas, diversificar a los proveedores, enfocarse hacia los canales de internet, mejorar los servicios. Se debe entender mejor o más bien conocer a nuestros clientes quienes ya no compran como antiguamente, eficientar la capacidad y eficiencia en el sistema de logística, distribución, almacenamiento e inventarios.

Tomar en cuenta que los consumidores en su gran mayoría ya no tienen el mismo poder adquisitivo y por lo tanto son más selectivos, cuidan su dinero y ahora no solo es competencia la empresa de nuestra misma actividad o servicios, sino cualquiera que sabe atraer el dinero de los clientes en general.

Hay conciencia de que las soluciones no son de la noche a la mañana, la experiencia empresarial nos demuestra que todas las crisis se han superado, recordemos lo que hizo con los negocios la pandemia del Covid, devaluaciones, entornos políticos y se han sabido superar. Este momento debe aprovecharse para hacer todo lo que esté de nuestra parte partiendo de una innovación de las estrategias de mercado y operacionales.— Mérida, Yucatán

Doctor en investigación científica. Consultor de empresas

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