No tienen fin las desventuras con- yugales de don Cucoldo, marido a quien sistemáticamente su mujer lo cornifica. Anoche el señor llegó a su domicilio antes de lo esperado, y al entrar vio sobre la mesa del recibidor un paraguas que no era de la casa. El propietario, lo supo de inmediato, era un individuo que estaba yogando con su esposa en el sillón grande de la sala. Poseído por explicable indignación don Cucoldo tomó el paraguas, y ante la vista del sujeto lo partió en dos. Le aventó los pedazos al follador al tiempo que le decía en tono vengativo: “¡Y ojalá llueva!”.

Rosilita le preguntó a Pepito: “¿Cómo se dice: ‘gripa’ o ‘gripe’?”. Respondió Pepito: “Debe decirse ‘gripa’. Decimos: ‘Ando agripado’, no: ‘Ando agripedo’”. (La Academia define oficialmente la voz “gripe”, pero admite también el vocablo “gripa” como usado en México).

El galán se sorprendió al oír que en el momento del amor su dulcinea repetía una y otra vez: “Un dos tres. Un dos tres”. Le preguntó, intrigado: “¿Por qué dices eso?”. Explicó ella: “Mi ginecólogo me recomendó que para no quedar embarazada lleve el ritmo”.

Al viajero se le descompuso su vehículo, y le pidió a un granjero pasar la noche en su casa. Le dijo: “No me importará compartir la cama con su hija joven y bella”. Replicó el hombre: “No tengo ninguna hija”. “¡Joder! —exclamó irritado el viajero —. ¡Me metí en el chiste equivocado!”.

Don Wormilio, viudo, pasó a mejor vida. Llegó a las puertas del Cielo y le preguntó a San Pedro: “¿Está aquí una señora de nombre Gorgona Órquez? En vida fue mi esposa”. El apóstol de las llaves consultó sus registros y le informó: “No. No está”. Suspiró con alivio el buen señor: “Entonces sí es el Cielo”.

Ideó él una fórmula infalible para acabar con la mariguana, entonces el estupefaciente de mayor peligro en México. Su cultivo se encomendaría a la Secretaría de Agricultura, y la distribución la haría la Conasupo. Así, con la producción y comercialización de la maléfica hierba a cargo del Gobierno, la mariguana desaparecería del país en unos cuantos meses.

Aquellos eran otros tiempos, desde luego —todos los tiempos son otros tiempos—, y en nuestros días la mariguana se produce, se vende y se consume abiertamente. En muchas ciudades he visto tiendas con el signo 4:20, alusivo al 20 de abril, fecha en la cual se celebra en todo el mundo —a las 4:20 de la tarde— la producción, venta y utilización de la que ha dejado de ser hierba maléfica.

En mi época la mariguana era consumida únicamente por los soldados. Uno de ellos fue reprendido por su superior: “Si sigues fumando mota nunca llegarás ni a cabo”. “¡Uh, mi jefe! —contestó el regañado—. ¡Cuando la fumo me siento general, y de división!”.

Todo esto viene a cuento por la noticia en el sentido de que los traficantes de huachicol —petróleo crudo extraído ilícitamente de los ductos de Pemex— llegaron al extremo de refinarlo, cosa que no ha conseguido hacer con eficiencia la refinería de Dos Bocas, empresa de la 4T.

Comprobamos una vez más que el crimen organizado sigue funcionando mejor que el Gobierno desorganizado.

El anheloso novio supo de inmediato que su matrimonio no iba a ir muy bien cuando en la noche de bodas su flamante esposa le dijo: “Esta noche no. Me duele la cabeza”.

Pimp y Nela formaban una pareja muy especial. Él era gigoló, y ella su pupila. Dejaron el pueblo para ir a vivir en la ciudad. El padre Arsilio lamentó eso. “Qué lástima que se hayan ido —dijo—. Me daban muchos temas para mis sermones”.

El monje encargado de la biblioteca del convento les comunicó lleno de alegría a sus compañeros: “¡Una buena noticia, hermanos! ¡Detecté un error de letra! ¡El texto original de la regla de nuestra orden no dice: ‘En el trato con mujeres busquen la castidad’! ¡Dice: ‘busquen la cantidad’!”.— Saltillo, Coahuila.

Todo esto viene a cuento por la noticia en el sentido de que los traficantes de huachicol llegaron al extremo de refinarlo, cosa que no ha conseguido hacer con eficiencia la refinería de Dos Bocas…

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán