Cuando se habla de la necesidad de repensar el modelo económico, cuyo desgaste es manifiesto, son varias las voces que se muestran reticentes o escépticas respecto de la posibilidad de replantear un sistema capitalista que ha estado vigente por varias décadas.
Más aún, quienes se ubican en posiciones extremistas aseguran que la única opción sería desmantelar el paradigma del capitalismo para instaurar otro tipo de esquema económico, con impacto social y político.
Lo cierto es que la alternativa comunista ha fracasado de manera estrepitosa una y otra vez en la historia, provocando miseria y destrucción a su paso. En cambio, el capitalismo, con sus innegables deficiencias, ha generado progreso y desarrollo económico sostenido.
Dicho de otro modo, y parafraseando el juego de palabras de Winston Churchill, el modelo capitalista es el peor sistema económico, excepto por todos los demás. O bien, el capitalismo es el mejor esquema de organización de la economía que haya diseñado la humanidad hasta ahora con la limitación de sus recursos.
Sin embargo, existen claras deudas y áreas de oportunidad en el funcionamiento de la economía capitalista de la actualidad, entre las que destacan una creciente desigualdad de ingresos y números inaceptables de pobreza en diversas regiones del mundo.
Denunciar las múltiples carencias del sistema económico es el primer paso, pero también debemos avanzar en hallar eventuales respuestas para atender la crisis. En este sentido, el error habitual consiste en suponer que hace falta inventar el hilo negro, cuando hay políticas económicas que han dado resultados positivos en diferentes países.
Las naciones escandinavas suelen emplearse como referente de éxito en casi cualquier ámbito. Es verdad que los estándares de calidad de vida son elevados en Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, aunque no siempre fue así.
Hasta principios del siglo pasado, los cuatro países mantenían políticas injustas que beneficiaban a unos pocos privilegiados sin tomar en cuenta las dificultades económicas que padecía el resto de los habitantes. La dinámica fue revertida con la implementación de políticas de social democracia que se tradujeron en un modelo de estado de bienestar.
Pero no solo los gobiernos europeos han tenido logros en este rubro. El caso de Singapur es ejemplar, en cuanto al salto de industrialización que convirtió a este pequeño territorio en una economía pujante. Singapur despliega políticas sociales que brindan al ciudadano vivienda, movilidad, salario digno, salud y seguridad pública.
Igualmente en el continente asiático se ubica Corea del Sur, cuya economía hace alrededor de 70 años era de un tamaño mucho menor que el de la economía mexicana. En 2025, Corea del Sur es uno de los países más prósperos e innovadores del planeta.
A pesar de la inestabilidad geopolítica de la región donde se encuentra Israel, es de reconocer el gran desarrollo económico que ha tenido, a lo largo de las décadas, un país fundado apenas en 1948. El impulso al emprendimiento y la tecnología han jugado un rol clave en este auge industrial.
Los anteriores son solo algunos modelos que han rendido buenas cuentas en el pasado reciente. Si los gobiernos de estos países y su población fueron capaces de sobreponerse a circunstancias adversas, es factible pensar que cualquier nación puede hacerlo siempre que apueste por políticas sensatas y acciones responsables.
Ni son perfectos estos modelos ni forzosamente debemos aplicar experimentos extranjeros para el caso de México, pero sí es posible extraer lecciones relevantes al voltear a ver otras economías.
De entrada, toda nación industrializada cuenta con instituciones sólidas y un estado de bienestar que garantiza un mínimo piso de condiciones materiales a sus habitantes.
Combatir la desigualdad y la pobreza debiera ser prioritario para cualquier gobierno, pues a partir de ahí se vuelve viable la construcción de un país con desarrollo económico y humano.
La oportunidad de crear una economía capitalista humanista con valores sociales es latente. Hará falta de políticos y gobiernos dispuestos a hacerla realidad.— Mérida, Yucatán
Licenciado en Derecho, maestro en Administración
