“Servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta no ya inmoral, sino criminal y abominable”.— Cicerón
Hay muestras evidentes de que si algo ha tenido el actual gobierno es voluntad para resolver el grave problema del desabasto de medicamentos, heredado y, hay que decirlo claro: de su antecesor, puesto que se originó por decisiones erróneas. Para recapitular recordemos que antes de 2018, la adquisición de medicamentos se hacía mediante la llamada compra consolidada, teniendo al IMSS de intermediario y la distribución de estos, quedaba a veces con adjudicación directa a empresas mediadoras, algunas propias de los laboratorios y otras en particulares que, con prácticas desleales encarecían el costo final y en algunos casos con malos manejos y en contubernio con uno que otro funcionario. Triquiñuelas, prácticas abusivas, corrupción…, pero paradójicamente: sin escasez.
Iniciando la 4T, lejos de separar a los que hacían estos procedimientos desleales o fraudulentos y, castigar a los funcionarios cómplices en algún delito, se decidió desmantelar el sistema. La compra pasó a la Secretaría de Hacienda, y hubo, para decirlo en términos amables, un encontronazo con la Industria Farmacéutica Nacional. Se intentó la compra directa a empresas extranjeras y se fracasó; la materia prima escaseaba teniendo en consideración que los principales proveedores como India, China y Paquistán tenían sus propios problemas en plena pandemia. Se le hizo el encargo entonces a la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (Unops), con la condición de no hacer compras en México, pero con malos resultados, declinaron y los adquirieron a la industria mexicana; se recuperó la compra, a tal grado, que el gobierno decidió llevársela por la libre y dejarle el encargo al desaparecido Insabi. Pero los medicamentos seguían sin llegar por la falta de distribución. Agréguese el dislate de la Megafarmacia. Al final de cuentas una carencia que afectó a sectores específicos y sobre todo vulnerables como los niños con las quimioterapias. Lo anterior aderezado con una absoluta falta de empatía, con personajes tan nefastos como Hugo López Gatell.
Al iniciar el presente sexenio, nos congratulamos con una estrategia que si bien tenía variables específicas, era un giro de 180 grados, regresando a un esquema similar al de 2018, con algunas propuestas que lo hacían más eficaz. Como parte del decálogo de “República Sana” elaborado por el actual secretario David Kershenobich y en el tema dejando de encargado a Eduardo Clark García subsecretario de integración y desarrollo del Sector Salud. La compra sería responsabilidad de Birmex. El arranque promisorio. Tan es así que se había logrado la adquisición del 73.2% de las 4 mil 982 millones de piezas que se requieren para este año y el venidero. Se creó una ventanilla única para la adquisición de medicamentos e insumos de una lista que conformaron a solicitud expresa 26 de las Instituciones del país más importantes, pero además con el combate al tema prioritario: la distribución. Para esto a las industrias que participaron en la licitación se les condicionó que incluyeran el traslado, así fue que laboratorios con sistema de distribución propios ganaron la mayor parte de las adjudicaciones y los otros participantes se hicieron cargo mediante la subcontratación del servicio, de esta manera quedaba asegurado el transporte del producto. Así que de nueva cuenta se recuperó la entrega directa a los grandes hospitales y los depósitos estatales, por ejemplo, el de la delegación Gustavo A. Madero en CDMX y en Huehuetoca donde la Megafarmacia, de tan alto costo, quedaría como lo que era antes: una enorme bodega.
El factor más importante en la distribución, la llamada “última milla” se resolvió reactivando la repartición por las jurisdicciones sanitarias de cada estado.
Pero la alegría fue pasajera. A principios de marzo se advirtieron los primeros nubarrones. El ritmo que se llevaba y que alcanzaría buenos números en el segundo trimestre se vino abajo. Se detectó un desvió de 13 mil millones de pesos. La compra se pausó. La presidenta ordenó la separación del cuerpo directivo de la empresa Birmex para poder llevarse al cabo la investigación. Una vez más la maldita podredumbre. La curva del abasto inició su descenso. Agréguese que muchos laboratorios que se comprometieron no pudieron cumplir con las fechas de entrega, algunas por no contar con suficiente materia prima, otras por no poder cumplir con los volúmenes solicitados.
Los gobernadores afiliados al IMSS Bienestar se reunieron hace cuatro semanas con la presidenta. Leales, pero sin ocultar su inconformidad y su preocupación por una carencia que en sus entidades va de un 30% hasta un 60%. De nuevo se han intensificado las protestas, más que entendibles y justificadas, no solo de organizaciones como Nariz Roja, también en los principales hospitales del Sector Salud. Cada semana vemos ahora a un desangelado Eduardo Clark dando la cara y enfrentando el vendaval de críticas y acusaciones.
Es lamentable y da coraje que una buena estrategia se venga abajo por el cáncer de la corrupción; algo que no se va por decreto, pero que impacta más cuando se ha involucrado a gente afín a Morena. Una situación que lastima a miles de mexicanos y debilita la imagen de un gobierno que ha demostrado interés en un problema que no elude, lo acepta e intenta resolver.
Por otro lado, Claudia Sheinbaum tocó un punto interesante: Que el país produzca los medicamentos. Empresa nada fácil, algo que se quiere encargar al mismo Birmex o invitar a que industrias extranjeras trasladen sus plantas a un país, donde de entrada hay que ofrecer garantías, siendo el obstáculo principal la inseguridad. Es un secreto a voces los problemas en algunas plantas farmacéuticas instaladas sobre todo en el Bajío, para ser más específicos en Guanajuato. Valdría la pena retomar lo ocurrido en 2018 con la acertada intervención de la Cofepris, la creación de los Genéricos Intercambiables (GI), hace casi 20 años, con un impulso a la Industria Farmacéutica Mexicana, que en 2018 representaba ni más ni menos que el 1% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y el 6% del PIB manufacturero; pero además con un prestigio ganado a pulso y un importante mercado en Latinoamérica y otras partes del mundo. ¿Y por qué no?: preguntar cómo le hizo el doctor de la botarga que de productos similares ofrece ahora GI de calidad y a un buen precio. Pero sobre todo dejar caer el peso de la ley a los que incidan con sus corruptelas a perpetuar este grave problema y, sin entrar en polémicas, no andar despilfarrando el magro presupuesto en cosas que no aportan nada al bienestar de los mexicanos.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
