Editorial

Abundan. Pululan en todos los lugares por donde la gente avanza. Ocupan los espacios públicos. Es difícil transitar sin toparlos a cada momento. Han hecho de su actividad parte del paisaje urbano.

Acosan, insisten, gritan, ofrecen, empujan, corren, persisten.

Este es el mosaico que uno se encuentra en la actualidad en CDMX, una urbe donde los vendedores ambulantes coexisten con la población desde la época precolombina, pero en la que se les había acotado a espacios específicos, cuyas barreras han roto bajo los gobiernos de la 4T, mucho más en el actual de Clara Brugada.

El palacio de Bellas Artes, recinto cultural por antonomasia, monumental mole de mármol creada para la admiración y contemplación de espacios interiores y exteriores; ámbito donde el alma se expresa lo mismo en el escenario que en los murales de Rivera, Siqueiros, Orozco y Tamayo, y en el vitral donde las nueve musas rodean a Apolo, es hoy un lugar prácticamente inaccesible.

Llegar a Bellas Artes significa abrirse paso a empellones entre centenares de vendedores ambulantes, a los que no bastó tomar hace décadas el costado poniente de la Alameda. Ahora han ocupado todos los espacios, principalmente el oriente junto a la reciente estatua ecuestre de Madero, entre el gran parque hecho para el paseo y solaz de los capitalinos en 1590 y el monumental palacio que se terminó en los treintasdel siglo pasado.

Como ese espacio, prácticamente todo el centro y el oriente y las zonas alrededor de los lugares de espectáculos, y el poniente, y la Basílica de Guadalupe y Ciudad Universitaria… Los ambulantes han copado la ciudad con su oferta de productos piratas, todos de dudosa procedencia.

Se dirá que no es un fenómeno nuevo. En efecto, no lo es. Pero, si se ha visitado con regularidad esa ciudad, se confirmará que hoy esa forma de economía ha crecido de manera exponencial. Una forma de economía que, por cierto, tiene uno de sus principales espacios alrededor de Palacio Nacional y la sede de la Suprema Corte de Justicia.

Además de insolente, al practicarse en las narices de las principales autoridades, ante cuya vista, paciencia y colusión opera, el ambulantaje es creciente a la luz de lo que se ve en el nuevo gobierno de CDMX.

¿Cuánto tiempo tardará ese comportamiento en llegar a extenderse de esa forma tan amplia y desvergonzada en Yucatán? En el pasado se hicieron esfuerzos para acotar a los ambulantes del centro de Mérida. Se puso fin a la máxima del comercio establecido que dice “si no puedes vencerlos, úneteles”, dándoles cobijo en sus establecimientos.

Se han logrado frenar y acotar tales prácticas. En CDMX se había hecho de algún modo. Hoy el ambulantaje es abrumador, creciente, descarado, grosero…

“La piratería nos afecta porque no es un piso parejo, es una importación mal hecha y evade impuestos”, advirtió el líder local de la Canaco, José Enrique Molina Casares el día 12 pasado, en el marco de una conmemoración creada a causa del avasallador avance de la mercancía ilegal: el Día Mundial contra la Falsificación y la Piratería.

La mayoría de los productos que ofrecen los ambulantes aquí, en CDMX y en todo el país son, en efecto, piratas. El ambulantaje es, pues, el vehículo ideal de los productos piratas y otros mal habidos.

Volviendo a CDMX, más allá, maestros siguen protestando en las calles exigiendo la derogación de la Ley del Issste, entre otras peticiones. Por acá, un grupo de repartidores por plataforma digital protestan por la eventual pérdida de beneficios… En las carreteras de los alrededores los asaltos a los pasajeros de “combis” son tiro por viaje, y los atracos a los transportes de carga que van y vienen de la capital, a manos de la delincuencia organizada y desorganizada, causan enormes pérdidas a las empresas.

En tres cuartas partes del territorio nacional el crimen organizado se mueve a sus anchas, y en el 25% restante sólo es cuestión de tiempo para que tome las plazas.

La pregunta brota en forma natural: ¿Quién gobierna en México? Si la ocupante de la presidencia permite que en pleno Palacio Nacional los ambulantes y sus mercancías de dudosa procedencia se muevan a sus anchas, ¿qué esperanzas hay de que prevalezca el estado de derecho?

Desde los años dorados del PRI y después del PRD, el que controla el ambulantaje en CDMX es quien tiene las de ganar para acceder al poder. AMLO lo hizo para llegar al gobierno capitalino. Para alcanzar Palacio Nacional sus acuerdos fueron con esos y otros metapoderes.

En este escenario nacional, del que CDMX es un botón de muestra y una advertencia para nosotros, la duda recae en si los ocupantes de los poderes controlan a los metapoderes como el ambulantaje, el crimen organizado, los maestros… o los obedecen en forma ciega y genuflexa.

De nuevo cabe la pregunta: ¿Quién gobierna en México?

¿Y en Yucatán?— Mérida, Yucatán

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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