“En la sutileza se encuentra la verdadera fuerza, no en la fuerza bruta”.— Anónimo
Los mensajes de los políticos casi siempre llevan perspicacia, parecen ingeniosos para poder penetrar entre sus gobernados, aunque hay quienes tienen un comportamiento muy tosco y aquello los hace ver como torpes. Veamos.
Después de los dimes y diretes de la elección judicial, que fue un fiasco para nosotros, nos preguntamos qué ganaremos los ciudadanos con este espectáculo tan caro para hacer lo mismo que el PRI en su época dorada, cuando sin recato alguno en lo referente a la división de poderes, el ejecutivo determinaba a los integrantes para un actuar sumiso en los ámbitos federal y estatal. Hubo excepciones muy respetables, desde luego, pero fueron los menos. Hasta el periodo zedillista se inicia de un cambio respetuoso con relación a los otros Poderes de la Unión y el residente, entonces, de Los Pinos.
Parece que lo único que les interesa, hasta ahora, es desechar el uso de las togas para sus doctas sesiones y, posiblemente las sustituirán con tilmas prehispánicas para hacerse sentir más nacionalistas y menos con la influencia occidental y, si fuera necesario usar birretes, no será con sombreros de charro, porque aquello no es autóctono, entonces posiblemente recurrirán a los penachos como el del Moctezuma y otros sanguinarios tlatoanis. Ese puede ser hasta ahora, el gran cambio en este México extravagante.
Posiblemente en las timas puedan llevar sus fallos en documentos escritos y al destaparlas aparecerá la imagen de AMLO, el todopoderoso, aunque quizá tenga la oportunidad de aparecer Claudia. Perdone mi insolencia el mundo católico de nuestro país.
En cuanto a vestimentas para un cargo político, oficio o profesión, no olvidar que don Venustiano Carranza no era militar, sino un distinguido civil y en los tiempos que lidera la etapa Constitucionalista de la Revolución Mexicana. Empezó a portar trajes de tipo militar ya como el jefe de la insurrección. No sé si aquello ayudó, pero recordé también a Teodora, aquella emperatriz del Imperio Bizantino. Antes fue prostituta y, Justiniano, el futuro emperador, casó con ella. La Iglesia Ortodoxa la nombró como Santa. Algo parecida con la popularísima Evita, aunque ésta no es canonizada aún por la católica, pero existe muchas peticiones de los argentinos.
En una parte de la película Evita que protagonizó Madonna, referente a la visita de Estado a Italia, la esposa del presidente sudamericano Juan Domingo Perón, se quejó que durante un recorrido un grupo de ciudadanos la llamó mujer de cuatro letras y, el oficial de la marina, su acompañante oficial, contestó con ironía: “No tiene nada de qué preocuparse, yo llevo 20 años sin subirme a un barco y me siguen llamando Almirante”. Contrario a lo anterior, a veces la vestimenta no cambia la imagen original de quien la porta.
Volviendo a la dominación Bizantina, resulta que Justiniano, hijo de humildes padres campesinos fue ascendiendo por méritos propios, hasta ocupar el máximo cargo del oriental imperio. Todo iba bien, hasta que por una carrera de carros, como en la película de Ben Hur, hubo acusaciones de corrupción y mal manejo del Estado. Aquello detonó en lo que acumulaba la población y hubo rebelión, aún de su ejército.
Justiniano y su Estado Mayor se agazaparon en Palacio y cuando la guardia del lugar también se manifestó en su contra, entonces, Teodora se vistió con las ropas imperiales de su marido e instó con firmeza a los guardias, quienes depusieron su actitud. Luego persuadió, seguramente con la sutileza de las esposas, para enfrentar el problema y Justiniano logró mantenerse en el poder.
Así de “sutil” fue la presidenta durante su visita a nuestra entidad al referirse a los frecuentes apagones por las fallas en el suministro eléctrico por parte de la paraestatal CFE, otrora empresa de clase mundial. Claudia Sheinbaum nos dijo de alguna manera mentirosos porque en nuestro estado tenemos de sobra energía eléctrica y que todo era un problema de “campañitas” de la oposición. Lo que no pensó la mandataria fue que esas “campañitas” se convertirían en campanitas que repiqueteaban por todos lados debido a las veces que hemos sido afectados por el mal servicio de la paraestatal. Fue tanto el disgusto que tuvo que llegar la directora general de la empresa para decirnos: “Lo que Clau quiso decir…”
Creo no pasaba esto desde que el titular del Ejecutivo Federal era Gustavo Díaz Ordaz, cuando en una visita a Campeche, un grupo de yucatecos lograron hablar con él debido a que parecían muy altas las tarifas del recién creado sistema de agua potable en Mérida y las principales poblaciones del Estado. La respuesta fue tajante, se excedió en su falta de sutileza hasta el grado de grosería: “pues entonces que los yucatecos sigan tomando caldo de microbios”.
Para finalizar me permito comentar el mensaje emitido por Facebook de Beatriz Gutiérrez Müller para felicitar a la presidenta de México con motivo de su cumpleaños número 63. Fue algo así como una bomba envuelta en elegante caja para regalo. Aunque ya multicitada en los medios, veamos de nuevo:
“Muchas felicidades a nuestra presidenta por su cumpleaños, de parte de la familia López Gutiérrez. Que la buena fortuna colme su día, que la salud no se despegue y que la inteligencia, que no le sobra, siga siendo su guía para conducir los destinos de nuestro querido México”.
Toda una joya para la historia, ¿Qué quiso decir la exprimera dama con este mensaje? ¿Qué subyace en él? El tiempo lo dirá, el tiempo lo dirá, como expresaban aquellas comadres de Tizimín.— Mérida, Yucatán
Escritor
