Somos engañados por la apariencia de la verdad.— Horacio
En noviembre de 2024, el pleno de la Cámara de Senadores, por mayoría calificada, reeligió a Rosario Piedra Ibarra como titular de la Comisión de los Derechos Humanos, cargo que tendrá hasta noviembre del 2029. En medio de grandes irregularidades que incluyó el ser la peor evaluada a la hora de conformar la terna, incluso eliminando descaradamente a Tania Ramírez (la segunda mejor calificada), quedó junto a Paulina Hernández y Nashieli Ramírez; esta última era la candidata natural para Claudia Sheinbaum, una activista de su máxima confianza. Rosario Piedra Ibarra fue designada en 2019 por Andrés Manuel López Obrador. Lejos de ser la “Defensora del Pueblo”, tuvo una gestión desastrosa, con una actuación francamente de subordinación al mandatario, señalada y criticada por todas las organizaciones civiles habidas y por haber, cuestionada incluso por los mismos morenistas; al final, como suele ocurrir con el partido dominante, vimos al impresentable de Gerardo Fernández Noroña informar que la bancada genuflexa la apoyaría en una segunda temporada en el puesto, debido a que “es una compañera probada y comprometida”.
Al día siguiente la presidenta con un gesto más adusto de la cuenta, visiblemente molesta, a la pregunta de un posicionamiento respecto a la imposición de Rosario Piedra, solo se limitó a decir: “es una decisión del senado la que se tomó ayer… y hasta ahí”. Ninguna felicitación…, ningún reconocimiento.
Hace unas semanas, como resultado de este bodrio que fueron las votaciones para elegir a funcionarios del Poder Judicial, un desconocido (para la mayor parte de los mexicanos) Hugo Aguilar Ortiz fue elegido o designado (es lo mismo), vía acordeones, con cerca de seis millones de votos como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La mandataria, casi al instante recalcó como una cualidad: su origen indígena y, de inmediato hizo referencia a Benito Juárez, quedando más que claro, de que su nombramiento si no fue iniciativa, cuando menos un deseo impulsado por López Obrador, que se ha declarado más juarista que el mismo Juárez.
En agosto de 2022, en este espacio, en medio de los embates de la pandemia, a la postura tomada por Hugo López Gatell (¡así, sin el título de doctor!) de arremeter contra los médicos de las farmacias y prácticamente tildarlos de asesinos, sin ningún sustento científico, reaccioné con tal enojo que le obsequié los siguientes epítetos: mezquino, miserable, insensato, cicatero, ruin, roñoso, infeliz, perverso, despreciable, vil, infame, inhumano. Es aceptado el pésimo manejo que le dio a la pandemia: desde minimizar la enfermedad en sus inicios, emplear el modelo centinela en lugar de utilizar las pruebas rápidas para los posibles cercos sanitarios, el desdén al uso del cubrebocas, el “quédate en casa” en lugar del “consulte a su médico”, el menosprecio a las recomendaciones de los expertos, su conversión de previsor a falso adivino, su rol de lacayo presidencial y no de servidor público; el manejo cuestionable de la aplicación de las vacunas, la bajeza de no incluir en las primeras etapas a los médicos de instituciones privadas… y, un largo etcétera que condicionó un estimado de 800 mil muertes. Por lo anterior, comenté en otro artículo que, su desempeño en el manejo fue: deficiente, insuficiente, incorrecto, defectuoso, negligente, irresponsable, funesto, aciago, desafortunado, desastroso, fatal, calamitoso, trágico, catastrófico, ominoso, fatídico, deplorable, doloroso, fúnebre y luctuoso. Pero además, este servidor público empleó a la misma Cofepris como punta de lanza para arremeter contra laboratorios de la Industria Farmacéutica Nacional que no se plegaron a las exigencias de la 4T, contribuyendo al peor e inimaginable de los desabastos de medicamentos. Intentó y afortunadamente fracasó, acabar con una treintena de Normas Oficiales Mexicanas (NOM), de impredecibles consecuencias de haberse concretado. Además tildó de “golpistas” a los padres que protestaron por la falta de oncológicos para sus hijos. La antipatía materializada con el gremio médico y el público en general. Repito de nuevo, un personaje: desagradable, antipático, odioso, repulsivo, insoportable, perturbador, incómodo, enfadoso y abominable. Y así, al acabar su gestión, intentó competir por un puesto de elección popular y no lo logró; pero además: ¡quién hubiera querido cargar con tan nefasto personaje! Marcelo Ebrard dijo: si quedo como presidente, no lo quiero; lo mismo expresó Claudia Sheinbaum con quien tuvo francas y conocidas diferencias; pero aun así, el tipo declaró: “sentí la responsabilidad de proteger a la gente y poner mis capacidades a su servicio”.
De nuevo sostengo, así o más: cínico, desfachatado, insolente, sardónico, desvergonzado, impertinente, impúdico, lenguaraz, atrevido, imprudente, soberbio, arrogante y petulante.
Hace unos días, el estupor a más no poder. Nos despertamos con la noticia del nombramiento de Hugo López-Gatell como representante de México en la Organización Mundial de la Salud (OMS). La presidenta, un tanto incómoda, dijo ante pregunta expresa: “sí, yo lo nombré” (solo le faltó: ¡sí y qué!).
El descontento ha escalado. La Comisión Independiente de Investigación sobre la pandemia de Covid-19 en México, formado por exsecretarios de salud y figuras prominentes, ha pedido a la OMS no acepte a este sujeto que despreció y abiertamente denostó a este organismo internacional. Además, todo parece indicar que es un puesto que no existe y tal vez sea una manera de darle una chambita, eso sí, con cargo al erario, o sea, este individuo vivirá de nuestros impuestos. Es probable que en Palacio Nacional se vea esto como una forma elegante y diplomática de deshacerse de él.
Es claro quién está detrás de estos tres nombramientos, el último, sin lugar a duda, execrable a más no poder; sin importar el desacuerdo, la molestia, el disgusto de propios y extraños: el dedo del gran Tlatoani decide y punto.
Si no es un segundo Maximato…, ¡cómo se parece! De reflexionar.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
