La ansiedad, la depresión, la mala alimentación y otros trastornos físicos y mentales son los peligrosos fantasmas que acechan en la actualidad a muchos niños, adolescentes y adultos por el uso indiscriminado, excesivo y enfermizo de los dispositivos móviles, principalmente del celular.
Hay tanta dependencia del celular que muchas personas, incluyendo menores, pasan horas frente al celular sin comer, ni bañarse, aislados y sin interactuar con la familia. Detrás de esta lamentable realidad se esconde la nomofobia. Este mal es el miedo, terror, pánico, desesperación por quedarse sin el celular, sin conexión a internet.
Esta dependencia enfermiza causa estragos en las mentes y cuerpos de los menores, adolescentes y adultos. Son tantas horas frente a las pantallas luminosas que surgen los problemas de visión, dolores de cuello, inapetencia o aumento de peso por el consumo de frituras y refrescos embotellados, alteración del sueño, ansiedad, estrés, distracciones, dificultades de aprendizaje, inactividad física, aislamiento.
El uso del celular nos da grandes ventajas por la inmediata comunicación con los familiares, amigos y clientes, así como acceso rápido a una vasta información, pero el abuso o mal uso nos lleva a la adicción, a la dependencia y a problemas de salud y de relaciones familiares y sociales.
Esta facilidad para obtener la información en internet y comunicarnos con tanta gente tiene sus ventajas, pero también riesgos. Los menores, principalmente, pueden leer notas falsas, ver fotografías engañosas, videos perturbadores y entrar en contacto con personas extrañas y con intereses aviesos.
Las redes sociales y los juegos en los dispositivos son adictivos. Así vemos a personas caminando mientras mensajean en el teléfono y corren el riesgo de chocar contra un poste, tropezar o ser atropellados al cruzar distraídos una calle; otros conducen una bicicleta, una moto, un carro o un camión mientras hablan o escriben por celular. Muchos accidentes surgen por estas distracciones.
En las familias es muy común ver a cada uno de los integrantes con un celular en las manos. Hay poco diálogo, porque cada quien está navegando en su nube de información. No hay charla de mesa, ni de sobremesa, la conversación cara a cara es poca y todos están preocupados en los mensajes que envían y reciben.
De esta manera las relaciones familiares se resquebrajan. Se extrañan mucho las reuniones alrededor de la mesa para comer y charlar. El aislamiento y el silencio son ensordecedores.
En el hogar comienza todo. Si no hay control, límites y horarios para el uso del celular, si los padres no están atentos del tiempo invertido por los niños y adolescentes en los dispositivos móviles, entonces este oleaje de información y la adicción pueden llevar a los menores a caminos escabrosos y peligrosos: a la ansiedad, la frustración, a los engaños, a la depresión y otros trastornos que dañen sus cuerpos y mentes.
No es exageración, es una lamentable realidad, hay daños en los pequeños y jóvenes ante el abuso en el uso del celular y otros dispositivos. Es necesario regular el uso en los hogares y escuelas. No es posible que un menor esté “chateando” mientras come, estudia o está en el baño, o se acueste con el celular y esté una hora o más mientras duerme, o un joven o adulto que esté mensajeando mientras conduce un carro o un camión o mientras un usuario espera ser atendido.
Estamos cayendo en una espiral de abusos y adicción. Como adultos hay que controlar el uso del celular y buscar con los niños diversas actividades recreativas en el hogar para desarrollar su mente y mejorar las relaciones familiares y su salud.
Creamos un mundo irreal y nos alejamos de la realidad y contexto familiar. Nos subimos a nuestra nube de información y nos perdemos en un laberinto de información. Lo doloroso es cuando nos caemos de esa nube y nos hundimos en la depresión, la ansiedad y la desesperación.
El celular es un apoyo para comunicarnos. No debe ser nuestro amigo inseparable, ni confidente, ni a quien más queramos. Es una máquina que podemos controlar, no dejar que nos controle y determine nuestro camino. Desconectémonos de vez en cuando de los dispositivos. Somos seres humanos no robots, ni zombis. Tenemos pensamiento, inteligencia y libre albedrío. Las personas, la familia y los amigos son más valiosos que un dispositivo móvil. Desconectemos a los niños con juegos y otras actividades creativas.— Mérida, Yucatán
Profesor
