Esquema Ponzi o fraude piramidal, una de las estafas más antiguas que resurgen en el tiempo año tras año. Consiste en ofrecer rendimientos elevados y rápidos, sin que exista actividad productiva real. Simplemente se usa el dinero de los nuevos inversionistas para pagar a los antiguos, creando una ilusión de éxito que con el tiempo inevitablemente colapsa. Lo sorprendente no es que siga ocurriendo, sino que siga funcionando y que la gente caiga una y otra vez.
Lamentablemente, en este tipo de fraudes, la promesa de dinero fácil suele pesar más que la sospecha o la cautela al invertir. El reciente caso de BD México Media LTD lo confirma. Más de mil personas, originarias de poblaciones como Dzilam de Bravo, Progreso, Motul, Tizimín y otros municipios del oriente y la costa de Yucatán, fueron atraídas por la idea de multiplicar su dinero realizando tareas simples desde el celular, como ver videos, dar “me gusta” y participar en redes sociales.
A través de una narrativa atractiva, la empresa se presentaba como un programa de emprendimiento accesible, con la promesa de generar ingresos extra desde cualquier dispositivo electrónico.
Para participar, era necesario adquirir paquetes o membresías, con inversiones iniciales variables y la supuesta posibilidad de escalar y ganar más conforme se incrementaba la actividad. Pero, como en todo esquema piramidal, el dinero que unos recibían provenía directamente del bolsillo de los nuevos participantes.
En realidad, no había emprendimiento. Solo una ilusión cuidadosamente montada, un esquema piramidal digital disfrazado de oportunidad.
En marzo de 2024, en el artículo “El fraude de los likes”, publicado en esta misma casa editorial, relaté un caso muy similar de fraude digital. BD México Media LTD repitió la misma lógica: se presentó como una empresa prometedora, que ofrecía la oportunidad de ganar dinero fácil, y utilizó redes sociales como TikTok, Facebook y WhatsApp para captar víctimas. Con el paso del tiempo, el desenlace fue idéntico: se alegaron incumplimientos en las tareas asignadas, se bloquearon los retiros y los representantes desaparecieron. En ambos casos, lo que parecía una oportunidad para generar ingresos, terminó convirtiéndose en pérdidas económicas y desesperación.
La diferencia es que, en este nuevo fraude, las víctimas provenían principalmente de municipios y poblaciones pequeñas, donde la vulnerabilidad es aún más profunda. En estas comunidades, el acceso a la educación financiera es prácticamente nulo y, la constante escasez de recursos económicos, obliga a muchas personas a aferrarse a cualquier promesa de alivio.
En contextos así, la confianza se construye de forma distinta. Si alguien conocido lo recomienda, si la oferta parece “profesional” o si alguien ya recibió un pago, se asume que es legítimo.
Y es aquí donde debemos atrevernos a hablar de varias verdades incómodas. Una de las más importantes es la responsabilidad. ¿Qué grado de responsabilidad tiene quien recomienda una plataforma de inversión sin saber si es segura, si está regulada o si cuenta con fundamentos reales? La respuesta es contundente: una responsabilidad enorme. Quien promueve algo así sin realizar la debida diligencia no solo pone en juego su propio dinero, también compromete el patrimonio de otros y la confianza. Y ante eso, no hay excusa válida. No basta con decir “yo también fui engañado”. Hay un deber moral implícito en cada acto de recomendación. Porque cuando la confianza se traiciona, las consecuencias no se reparten, sino se multiplican.
A eso se suma otra verdad incómoda. Los que están arriba casi siempre ganan. Los primeros en entrar al esquema, los que reclutan, los que reciben comisiones por invitar a otros. Ellos sí ven retornos. Mientras tanto, los últimos, los más pobres, los más desesperados, son los que pierden todo. Así funcionan las estafas piramidales, cuando se desploman el peso de la caída siempre recae en la base.
Por eso es imprescindible transformar estas historias en advertencias públicas y en lecciones colectivas. En este esfuerzo, el periodismo y la educación desempeñan un papel fundamental. No basta con relatar lo que ocurrió. Necesitamos enseñar a reconocer los patrones, a formular preguntas incómodas, a exigir evidencias. ¿Está registrada esta empresa ante la CNBV? ¿Tiene RFC? ¿Cuenta con dirección física? ¿Existe un contrato firmado? ¿Quién se hace responsable en caso de incumplimiento? Estas preguntas, que podrían parecer técnicas o excesivas, en realidad son actos elementales de defensa personal del patrimonio.
También es hora de asumir que la educación financiera no es un lujo, sino una necesidad urgente, sobre todo en las comunidades vulnerables, donde la posibilidad de caer en fraudes es mayor. Es fundamental enseñar desde las escuelas rurales, las radios comunitarias, los centros de salud y los ayuntamientos. Hay que instruir sobre cómo identificar fraudes, verificar una institución financiera y proteger la identidad digital. Este conocimiento debe impartirse en español y en lengua maya, siempre desde el respeto y la empatía.
Porque estas estafas no se detendrán solas. Cada día que pasa sin educación, sin prevención, es un día más en que alguien caerá. Y lo más doloroso es que lo hará con esperanza. Con ganas de salir adelante. Creyendo que por fin apareció una solución. Y ese engaño duele más que la pérdida material. Duele porque hiere la confianza y el deseo de creer en algo bueno.
Por eso, este fraude no debe ser solo un caso más. Debe impulsarnos a exigir justicia, sí, pero también a construir herramientas colectivas. Porque la verdadera protección no vendrá únicamente de las autoridades, sino de una ciudadanía informada, crítica y solidaria. De una comunidad que sepa advertir y que tenga el valor de recordarle al prójimo: “esto suena demasiado bueno para ser verdad”, “verifica antes”, “mejor pregunta antes de invertir”.
Cuidar a quienes menos tienen —y en general, cuidarnos entre todos— no es solo un acto de empatía, es el cimiento de una sociedad más justa y, sobre todo, más humana.— Mérida, Yucatán
marisol.cen@kookayfinanzas.com
@kookayfinanzas
Profesora Universitaria y Consultora Financiera
