José Antonio Gutiérrez Triay (*)

“A veces me veo a mí mismo en una llanura polvorienta. Siempre en mi calesa negra, y seguido por los once carromatos jalados por bueyes donde llevábamos el Archivo de la Nación que ahora se quedó atrás, en una cueva… El Archivo de la Nación, en una cueva: hágame usted el favor…”.— Fernando del Paso, Noticias del Imperio

La historia propiamente dicha surge cuando el ser humano inventa la escritura y puede dejar evidencias exprofesas de los hechos, en sus diferentes formas para comunicar los acontecimientos. Se nos dice que esto ocurrió alrededor de 3,500 a.C., y fue en Mesopotamia y Egipto, aunque la historia científica aparece en Grecia con Heródoto y Tucídides.

El estudio de la Prehistoria, que fue un periodo mucho más largo con el Paleolítico y el Neolítico –la vieja y nueva Edad de Piedra– tiene su propia metodología para obtener información, interpretar y estudiar restos de humanos, animales y utensilios rupestres. La historia debe evidenciar los hechos con lo escrito y comparar las distintas perspectivas de un mismo hecho. Es complejo este trabajo, pero, sin duda, resulta muy interesante desentrañar los sucesos.

Los caldeos, asirios y egipcios, son quienes aparecen con los primeros registros de sus eventos, leyes, mitos, etc., con sus jeroglíficos y la escritura cuneiforme. Fue el famoso arqueólogo francés Champollión quien en el siglo XIX logró descifrar el contenido de la Piedra Roseta para entender mejor las aportaciones de la Cultura Egipcia. Ese registro pétreo, actualmente se encuentra en el Museo Británico de Londres.

Sócrates el gran filósofo era ágrafo al igual que Jesús. Del filósofo griego sabemos por sus discípulos que recopilaron sus discursos; del Dios hecho hombre por los evangelistas que narran su vida, obra y resurrección.

No tendríamos información de la llamada Conquista de México sin Bernal Díaz del Castillo y las Cartas de Relación de Hernán Cortés, aunque desde su muy particular perspectiva resultan una información importante para conocer la fundación de nuestro país.

Es importante el registro de los hechos en el tiempo y espacio, y eso corresponde a los cronistas historiadores, a los entes públicos y para eso existen los archivos como el de la nación del Estado de Yucatán, de la Arquidiócesis, etc.

Entonces resulta muy importante la labor de los cronistas e historiadores para conservar nuestra identidad y preservar el sentido de pertenencia. Los primeros trabajamos la microhistoria y las fuentes son los archivos municipales y parroquiales, pero, también recurrimos a otros documentos escritos, por ejemplo, los que se conservan en las hemerotecas.

Cuando la llegada de los franceses con Maximiliano, Juárez inició un gobierno nómada por diferentes regiones en el norte del país, perseguido por las tropas invasoras y se establecía donde había gobiernos republicanos, siempre llevando el Archivo de la Nación. Es ahí donde viaja la historia de la nación, de nuestra patria, es un inestimable tesoro, decía el presidente peregrino. Ante la imposibilidad de llevarse todo, se había seleccionado lo más importante a su juicio. Llegó el momento de cruzar el desierto con el enemigo cada vez más cerca y los carromatos que llevaban el archivo eran pesados y por ende lento su avance, así decide ponerlos al resguardo de un cacique regional aliado suyo quien los protegió en una cueva. Una muestra de la importancia que representan los archivos.

Cuando inicié haciendo crónicas históricas de Espita quise tener la certeza de un rumor acerca de que Augusto César Sandino había estado durante algún tiempo en Espita y para confirmar lo que las persona mayores me decían acudí a la hemeroteca del estado y halle en el Diario de Yucatán una entrevista que le hizo el corresponsal que entiendo era don Rafael Erosa y Cosgaya, le dijo que depondría la armas y estaba dispuesto a trabajar la tierra en la hacienda Santa Cruz, una de las más productivas en el pasado. La noticia dio la vuelta por América y llegó hasta Washington.

Luego en el archivo epistolar de Sandino comprobé que aquello era tan solo una estratagema para preparar su retorno a Nicaragua decepcionado del gobierno de México.

En otra ocasión fue para obtener más datos, distintos a la versión oficial, acerca del asesinato de don Domingo Peniche Patrón, un líder de los pequeños propietarios, y tres de sus acompañantes. Fue el 22 de diciembre de 1933. Luego escribí artículos acerca de aquello y los publicó el Diario. Eran los años 80.

El domingo anterior me enteré de que el centenario Periódico de la Vida Peninsular publica en libro conmemorativo los 100 años de su historia en los que se pone al alcance de todos, especialistas o no, acerca de los acontecimientos más importantes, como los ataques y persecuciones por no plegarse al oficialismo. Muchas de las crónicas seguramente podemos testimoniar las personas mayores a partir del segundo lustro de los años sesenta.

Qué importante es contar con la prensa libre en nuestra entidad, y conocer diferentes versiones de las acciones gubernamentales, de la vida económica y social de la Península, asimismo la denuncia de fraudes al erario o electorales y demás irregularidades en el devenir de 100 años de vida.

Estamos atravesando un periodo muy sangriento, arcaico, rupestre en nuestro país, es preciso que estas desgracias se registren para la posteridad y que las nuevas generaciones se enteren de aquello que debe condenar a la clase política sin excepciones por llevarnos a una constante amenaza infernal.— Mérida, Yucatán

Escritor

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