Existen varios pilares que soportan los principios de una sociedad con una democracia sólida. Uno de ellos, y quizá uno de los más importantes, es la libertad de expresión. Este derecho es el impulso que permite que el corazón de la democracia siga latiendo; es la acción que permite a las personas compartir sus opiniones y verdades sin temor a represalias. Así, no solo permite generar un escenario de sano debate público, sino que también fortalece el tejido social y el acceso a información para una mejor toma de decisiones.

Sin embargo, pese a su vital importancia, hoy más que nunca, en muchas partes de este planeta, en el cual México no es la excepción, este derecho se enfrenta a diversos problemas de aplicación.

A pesar de estar establecida en nuestra Carta Magna, así como en tratados internacionales, el ejercicio de la libertad de expresión en México se ve continua y completamente amenazada.

¿Necesitamos recordar los ejemplos? Allí están los periodistas asesinados, los medios que prefieren la autocensura, las voces silenciadas por el miedo. Esos casos son parte del día a día. De hecho, México, como muchos sabemos, se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, principalmente en lugares donde prevalece la corrupción, el crimen organizado y la inseguridad.

Por supuesto, podríamos decir que, desde la perspectiva legal, la libertad de expresión está plenamente amparada en el artículo 6º de la Constitución, que reconoce el derecho a expresar ideas sin ser molestados, así como por el artículo 7º, que protege la libertad de imprenta. De igual forma, está garantizada por organismos internacionales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

No obstante, el cumplimiento de estos artículos e instancias legales es débil, tristemente inexistente. De allí que se vuelva imposible olvidar nombres como Miroslava Breach, Javier Valdez o Fredid Román, entre otros, muchos otros. Cada una de sus letras debe ser un acicate para exigir la aplicación de la justicia, pero sobre un rechazo perenne a la normalización de la violencia hacia los profesionales del periodismo.

Según datos de organizaciones como Reporteros Sin Fronteras, México ocupa el lugar 121 de 180 en el ranking mundial de libertad de prensa, mientras que Artículo 19 registró en 2023 más de 560 agresiones a periodistas. De esta forma, la garantía se ha vuelto privilegio, uno del que escasamente se goza.

¿Qué hacer ante esta realidad? No hay soluciones sencillas ni atajos fáciles. Generar redes de apoyo, profesionalizar aún más policías, investigadores y jueces, así como fortalecer protocolos y mecanismos de protección son opciones que darán resultados cuando existe una férrea voluntad por parte de la sociedad civil, pero también de todo el aparato gubernamental, recordar que, en estos tiempos de tempestades en la libertad de expresión, necesitamos coraje y valentía que harán ver más luces a los medios de comunicación que la ejercen.— Mérida, Yucatán

Director de la Escuela de Comunicación y Dirección de Empresas de Entretenimiento. Universidad Anáhuac Mayab

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