Algunos distinguidos analistas insisten en que la presidenta Claudia Sheinbaum debería deslindarse, de una vez por todas, del incómodo senador por Tabasco, Adán Augusto López Hernández, actual coordinador de Morena en el Senado. Argumentan que su cercanía con personajes acusados de colusión con el crimen organizado —en particular, con su exsecretario de Seguridad— daña la legitimidad de su gobierno y contamina el relato de continuidad con cambio que la presidenta intenta construir.
A contracorriente de quienes ven un nuevo oficialismo libre de lastres, yo afirmo que ese deslinde es prácticamente imposible. No por incapacidad ni por debilidad, que sí las hay, sino porque Claudia Sheinbaum y Morena no pueden desprenderse de Adán Augusto sin afectar la raíz que los sostiene a ambos.
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