La fiesta del cumpleaños número dieciocho de Lamine Yamal, estrella del fútbol Club Barcelona, desató la polémica en redes sociales por su ostentación y extravagancia.

A través de filtraciones e imágenes compartidas por el mismo entorno del jugador, se pudo apreciar la estética del despilfarro que caracteriza a las estrellas del fútbol varonil: coches de lujo, atuendos inspirados en la mafia, mansiones, joyas y cadenas, mujeres con un determinado perfil físico “a la carta”, artistas, champaña. Todo lo que el dinero pueda comprar.

Aunado a esto, se detalló que uno de los entretenimientos principales fue la actuación de personas con enanismo, vulnerando la legislación española en materia de inclusión, al considerar que las personas con enanismo solo pueden desenvolverse laboralmente como una forma de entretenimiento.

Pero, ¿por qué la fiesta de la estrella del Barcelona generó tanta polémica si lo que sobra en el archivo de las grandes estrellas del fútbol es despilfarro, abusos y excesos? Por dos reproches diferentes.

La madre de Lamine es de Guinea Ecuatorial y su padre de Marruecos. Cuando estos se separaron, el joven creció con su madre en Mataró, un barrio popular de Barcelona. Si no fuese por su talento para jugar a la pelota, los sectores más reaccionarios de su país le llamarían invasor y cuestionarían su nacionalidad española.

El capitalismo convierte al racismo más infame en benevolencia cuando percibe que puede obtener algún tipo de beneficio. Lamine Yamal no debería olvidar que muchos de los poderosos que le aplauden no dudarían en dejarlo morir en una patera en el mar, como a miles de chicos migrantes que mueren en las costas españolas.

Por otro lado, está la desilusión con la joven promesa del fútbol que reivindicaba su barrio obrero en sus festejos, ya que representaba la oportunidad de imaginar una idea del fútbol desligada del consumismo, del machismo, del racismo.

Decía Martín Caparrós que el fútbol de alto nivel, salvo ciertas excepciones, impone estilos de vida elitistas como ejemplo aspiracional, divorciando a los jugadores del colectivo y de su origen humilde. La mayoría de los jugadores de alto nivel hacen alusión a su origen humilde como una historia de superación, pero no como conciencia de clase.

Es terrible que la idea aspiracional del éxito que se les venda a millones de niños, jóvenes y hombres en general sea un culto a los Lamborghinis, los Maseratis, las mansiones de lujo, la cultura gangsteril, las mujeres a la carta, personas con enanismo como diversión. Una idea de poder ligada al exceso, al despilfarro, a la pose, a que todo se puede comprar y está a la venta.

Pero otra idea de valores en el fútbol es posible… y en ello van ganando las mujeres por goleada.— Mérida, Yucatán

Psicólogo

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