Hace aproximadamente treinta años me encontré a un amigo muy querido de toda la vida. Durante nuestra breve conversación me planteó un problema que lo tenía preocupado esos últimos días; su hijo se encontraba en una situación de salud muy delicada por consumo de drogas. La situación era tal, que el doctor le advirtió que si su hijo no suspendía su consumo su vida se reduciría a unos cuantos meses. Naturalmente eso lo tenía muy alarmado. Resulta que uno de sus otros amigos le había sugerido meter a su hijo en un anexo, por lo que se contactó con el encargado de uno que operaba en Palenque, el cual internaba a personas de manera no voluntaria. Al pedirme mi opinión sobre aquella disyuntiva tan terrible la única sugerencia que se me ocurrió fue decirle “que no había de otra” era la única manera —de la otra forma se nos va a morir, quizás aquí abramos una puerta a la esperanza— le dije. Poco tiempo después supe que se lo llevaron contra su voluntad y lo internaron. ¿En qué terminó? honestamente no tuve el valor para preguntar, temía que la respuesta fuera demasiado trágica y él por su parte, nunca buscó informarme.
Aquella situación que recuerdo vívidamente hasta la fecha, me hizo plantearme algunas interrogantes sobre los anexos que actualmente operan en Yucatán. Por ejemplo: ¿cuántos grupos existen? ¿Bajo qué normas deben operar y en qué condiciones? ¿Pueden internar a una persona aun en contra de su voluntad? Si ese es el caso, ¿cuáles son los requisitos legales para proceder? Mientras más lo cuestiono más consciente soy de la falta de información que existe sobre estos supuestos centros de rehabilitación.
En Yucatán existen diversos grupos de prevención y combate de adicciones. Sin embargo, pocas veces se percibe el alcoholismo como lo que realmente es: un síntoma de una profunda depresión emocional. Quitándote el síntoma estás en posibilidad de poder curar la enfermedad emocional que padeces. En algunas organizaciones como Alcohólicos Anónimos (que llevan muchos años operando) todo es sugerido. Nadie tiene derecho de decidir cómo llevarás el programa y no es obligatorio, el único requisito para ingresar al grupo de autoayuda es el deseo de cambiar, y por supuesto, pedir ayuda. No hay jefes, solo servidores que no gobiernan. La única autoridad existente es la de un Dios bondadoso que se manifiesta en la conciencia del grupo. Alcohólicos Anónimos no participa en ninguna controversia ni ataca ninguna causa, por eso no se opone a la existencia de los anexos ni prohíbe a sus internos llevar su programa.
Su regulación, su objetivo y los requisitos bajo los cuales opera, si bien son sencillos, son lo suficientemente claros, por hacer un contraste. También he conocido otros tipos de grupos de rehabilitación, pero en todos existe una constante; todos tienen la libertad de entrar y salir. Nadie puede ser retenido en contra de su voluntad, por lo que es lógico cuestionarse bajo qué marco legal operan los anexos que no respetan la libertad del individuo.
Tal y como lo relaté al principio, he sabido de ésta y otras historias de personas que lamentablemente han tenido que internar a miembros de su familia en este tipo de lugares, los cuales han sido expuestos a situaciones inhumanas, humillantes y degradantes, ignorando completamente el acompañamiento psicológico. Así que vale la pena cuestionarse sobre el cómo funcionan este tipo de centros de rehabilitación y las condiciones bajo las cuales operan sus programas, si es que los hubiera. Con este tipo de situaciones no puede existir un espacio para la simulación, los anexos deben funcionar bajo una normatividad que a su vez debe ser inspeccionada con regularidad por el estado.
Es hora de hacer las cosas con conciencia y claridad abordando el problema desde su origen y atendiendo el aspecto psicológico, pero también ofreciendo un acompañamiento en condiciones dignas y de calidad. Solo así se podrá marcar una diferencia real en esas vidas.— Mérida, Yucatán
Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado
