“Un político pobre es un pobre político”, reza un dicho en el argot político acuñado por Carlos Hank González, político que pasó de modesto profesor, ejerció solo unos pocos años, a hombre poderoso dentro del viejo sistema priista, y su frase la cumplió al pie de la letra.
Lamentablemente, muchos políticos, para no decir todos y generalizar, buscan cumplir con esta expresión al incursionar en la política. Al paso de los trienios y sexenios, de los quinquenios e interinatos, los presidentes del país, los gobernadores, los alcaldes, los funcionarios, los coordinadores y dirigentes de partidos, los diputados federales y los senadores terminan engrosando las filas de le élite de políticos millonarios.
La corrupción es un mal que se da en los tres niveles de gobierno y ha dañado la imagen del servicio público y de los políticos, así como debilitado la economía del país.
En el sexenio de Peña Nieto la desfachatez de muchos gobernadores y funcionarios fue tanta que no pudieron ocultar el saqueo, los desvíos y el derroche.
Esto viene a colación porque un grupo de servidores públicos del actual gobierno se fueron a vacacionar a tierras lejanas en vuelos de primera clase, hospedados en hoteles de lujo y degustando viandas y bebidas de alto costo.
Las fotografías de los paseantes se hicieron virales y las criticas no se hicieron esperar.
¿Por qué tanto lujo en funcionarios en activo que deben ser el ejemplo de humildad, sencillez y empatía hacia millones de familias de escasos recursos y que incluso no salen a vacacionar, cuando ellos utilizan un discurso de austeridad y respeto a los que menos tienen?
Mientras muchos profesores ahorran durante meses para viajar unos días a las costas yucatecas o salir de excursión a Ciudad de México en el Día del Yucateco, o un pasadía en un balneario o en el malecón, el secretario de Educación Pública, Mario Delgado, viajó a Portugal en primera clase y se hospedó en un hotel de lujo en Lisboa.
Ricardo Monreal, diputado federal y coordinador de la bancada de Morena, viajó a Madrid; Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Comisión de Senadores, viajó a Francia, y Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización de Morena viajó a Tokio, Japón. Todos ostentando el lujo y el derroche en hoteles y restaurantes.
Ante las críticas ellos aducen que los gastos fueron con recursos propios. Primero, el salario alto, viáticos y demás prebendas que perciben es dinero del pueblo, segundo ellos pueden pasar los gastos en algún rubro y recuperar lo invertido o sacarlo con anterioridad de alguna partida extra o de un “moche” y obtener el dinero para el viaje. Esto último es si pensamos mal.
Los políticos, por lo general, buscan servirse primero y no servir cabalmente a la comunidad. Un ejemplo en pequeño es el de los alcaldes. En el primer año buscan recuperar lo invertido en la campaña y obtener las primeras ganancias, entran en la nómina los amigos y familiares, y comienza la transformación: adquieren la primera camioneta o carro de lujo, amplían la casa, compran un rancho y cabezas de ganado. Al terminar los tres años compran más terrenos, surgen los negocios, más casas y camionetas.
Si esto se da en las alcaldías en tres, seis o nueve años, si hay reelección, volemos la imaginación para tratar de acercarnos a las cantidades “ahorradas” por un gobernador, presidente del país, dirigente de partidos políticos, funcionarios de alto nivel y legisladores federales.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo señaló, ante los cuestionamientos sobre estos vacacionistas, que el “poder se ejerce con humildad”.
Además del jalón de orejas debe darse alguna advertencia o sanción a quienes olvidan el compromiso con la gente y la austeridad que deben predicar.
Los funcionarios no deben salir a vacacionar fuera del país y tantos días cuando están trabajando y comprometidos con el pueblo.
Si van a salir que lo hagan un fin de semana a lugares cercanos, sin el lujo y la ostentación.
Son los profesores, los obreros, los burócratas, los campesinos y demás gente de escasos recursos quienes pueden decir con la frente en alto que salen a vacacionar unos días con recursos propios, pues los políticos tienen viáticos, prebendas, asistentes, altos salarios, partidas extras y demás formas de incrementar los ahorros. No hay político pobre.
¿Quién cree que viajaron con recursos propios? Esa justificación es pura vacilada.— Mérida, Yucatán
marpero53@yahoo.com.mx
Profesor
