Acaban de presentarse esta semana los últimos datos sobre la evolución de la pobreza en nuestro país, cifras que han sorprendido hasta a las propias autoridades por la velocidad en la que estas han mejorado.
La misma Presidenta no tardó en hacer elogios de su trabajo y del de su antecesor, y de resaltar que el modelo de su partido funciona.
Entre los puntos a destacar muy importantes en la evolución de este indicador, al menos para las autoridades que lo anunciaron, es que se ha logrado mejorar la pobreza sin que haya crecimiento económico (reconociendo implícitamente ese pendiente en la agenda), sin una influencia importante de programas sociales (que han crecido enormemente a lo largo de estos dos últimos gobiernos), en un contexto de caída en las remesas (dadas las medidas que han tomado desde Estados Unidos en la lucha frente al crimen trasnacional).
Entonces, las personas han salido de la pobreza porque ganan más dinero por su trabajo, lo cual es muy importante y por la medida de recuperación salarial que el país ha tenido en este periodo, llevando hacia arriba el salario mínimo casi tres veces.
Se anunció la mejora en cinco de seis dimensiones: rezago educativo, seguridad social, vivienda, servicios básicos de la vivienda y alimentación nutritiva.
El pendiente, dicen ellos, corresponde al acceso a servicios de salud. Además, se dice generalizada en el país y hasta señalan erradicación de la pobreza extrema en algunas entidades del país. Cuando menos reconocen que no son perfectos.
Ojalá pudiéramos ser tan optimistas, porque cuando se hace trabajo de campo en las regiones rurales del país, las realidades no contrastan con lo que se anuncia por acá.
Basta poner el ejemplo de la marcha reciente para destacar el acceso a medicamentos, que ha ido de la mano con un desmantelamiento del sistema de salud pública con severas restricciones para los mexicanos a estos servicios y derechos.
El experimento del Insabi durante la pandemia que desapareció a cientos de miles de mexicanos es el mejor ejemplo. Y que desafortunadamente hoy sigue afectando a pacientes oncológicos que dependen de la exactitud del tratamiento para tener resultados esperanzadores.
Así como en salud, hoy se goza de menos servicios públicos, tanto en educación, como en transporte, como en servicios para la vivienda.
Parece raro considerar que simplemente el acceso al agua potable es un verdadero lujo para grandes sectores de la sociedad.
El transporte público, por poner un ejemplo de la Ciudad de México, con los múltiples incidentes que han ocurrido en el subterráneo, nos deja ver más acerca de la calidad de lo que se recibe. Sobre el tema relacionado con la educación, mejor ni hablar, pues ni indicadores de impacto tenemos.
Y como reflexión final, por qué no vamos también evolucionando en nuestros indicadores para que no solo se evalúe si se tiene el derecho o el acceso, y vamos incluyendo cuestiones importantes como los indicadores de calidad. Considero que sería más justo y más útil, menos subjetivo y nos daría mayor información.
Profesor investigador del departamento de Contabilidad y Finanzas del Tecnológico de Monterrey
