Una ciudad no se mide por su longitud y anchura, sino por la amplitud de su visión y la altura de sus sueños.— Herb Caen
Recientemente se seleccionó a los dos nuevos miembros del Consejo de Cronistas de Mérida: Jorge Victoria Ojeda y Jorge Cortés Ancona. Creo que los dos tienen la solvencia académica y la preparación necesarias. No he tenido la oportunidad de tratar personalmente a Jorge Victoria Ojeda, antropólogo e historiador, pero he estado presente en más de una de sus interesantes conferencias y charlas. Es uno de mis favoritos cuando se trata de diseccionar antropológicamente las entrañas de mi ciudad; basta mencionar la investigación sobre la comunidad afroamericana, entre tantas, pero en particular mi texto favorito es: “De la imagen, el poder y la vanidad. Porfirio Díaz en la tierra de los mayas”, que me fue de gran utilidad para retratar la visita del mandatario en 1906, cuando escribí mi novela “Amarílico”, y recientemente otro texto de su autoría: “Piratas en Yucatán” fue una gran aportación para la primera parte de mi novela: “La Bermeja”, que ya está en etapa de revisión.
A Jorge Cortés Ancona tuve el gusto de conocerlo en 2011, cuando estaba a cargo de Fomento Literario del Instituto de Cultura de Yucatán. Es, para resumir brevemente, mi sensei en la literatura, quien me diera el espaldarazo con lo que he escrito y sobre todo un gran amigo. Pero lejos de un comentario que pudiera ser demasiado personal, al igual que su tocayo, tiene un acervo cultural de sobra; algo que admiro de él, sin temor a equivocarme es que, es una persona que conoce Mérida con la planta de sus pies. La figura del hombre alto con paso firme, zancada veloz y profunda abriéndose paso por el rumbo de la Mejorada o cualquier otra parte del centro, lo convertían ya en uno de estos personajes que en su momento hubiera podido retratar don Eduardo Urzaiz (Claudio Meex) como uno de sus protagonistas en “Reconstrucción de hechos. Anécdotas Yucatecas”.
Pero lo que pocos saben es que mientras camina, su mirada escrutiñadora va analizando las características arquitectónicas y urbanísticas de la ciudad; ni que se diga de su gente: boleros, voceadores, vendedores ambulantes, maestros, licenciados, médicos…, todos pasan a formar parte del archivo de información de Jorge. El dominio de los temas sobre Mérida en todos sus rubros es impresionante. Tan feliz de degustar un kibi o un polcán en la calle como convertirse en un gourmet del más lujoso de los restaurantes; conocedor de parques, museos, centros culturales, cantinas y cafés como pocos. El dominio que tiene para todos los géneros literarios es sorprendente. De mirada adusta, voz gutural y gesto sobrio, pocos podrían imaginar que entre lo tanto que ha escrito corre una vena humorística peculiar, como puede leerse en varios de sus textos. Esa visión de la mirada de a pie le da un cariz muy distinto a la percepción de la ciudad. Pero quienes hemos tenido la oportunidad de tratarlo podemos caracterizarlo en una frase: “una enciclopedia con patas”. Conversador ameno, sabe de distintos temas y es un placer verlo enfrascarse en debates que van desde temas banales a lo más culto de lo culto.
Es oportuno señalar que aquellos que no se hayan percatado que el ombligo de la cultura se trasladó al internet, como ha dicho Fernando Savater, seguirán viajando en su propia nube de sesgos y miopía. Si bien es cierto que la obra impresa puede respaldar o ser el sustento de un acervo científico y cultural, tampoco es garantía de solvencia académica. Al menos en Medicina, abundan profesores y personajes que gustan denostar a los colegas solo en base a lo que se ha impreso en papel, a pesar de que éstos hayan demostrado a carta cabal sus conocimientos, aparte de que también existen otros que recurren al plagio con tal de presumir o abultar su currículum vitae.
A mí me interesa que el cronista de Mérida sea un narrador de mi ciudad. Un comentarista que ante todo conozca a la perfección su historia, sus raíces sin inclinaciones radicales prohispanistas o proindigenistas. Que sepa que Mérida también tiene una parte sur llena de cultura y vitalidad; que existe la gente de a pie, la que usa transporte colectivo, la que trabaja en el Mercado Lucas de Gálvez, la de los barrios, la de los festejos gremiales, la gente sin voz…, la gente olvidada.
Es riesgoso tener una visión que raye en el clasismo, como lo es también el creerse sabedor de todas las cosas. Por supuesto debe de tener un conocimiento del ámbito nacional e internacional, pero es de fatuos presumir una visión cosmopolita cuando no se tiene una conceptualización local completa.
Es de elogiar que se haya realizado una convocatoria, tomando en cuenta que es el anuncio para participar en un evento que, en este caso es el proceso o certamen de selección debidamente sustentado conforme a un reglamento. Celebro que se haya invitado a universidades, asociaciones civiles y clubes.
En lo particular me siento orgulloso que el Colegio de Médicos de Yucatán, al cual pertenezco, haya tenido interés en este llamado, pues, como la mayoría de los convocantes, saben, por supuesto qué es lo que tiene que reunir un cronista. Esta fue precisamente una invitación abierta para colectivos de la sociedad civil que postulen candidatos que reúnan el perfil idóneo. ¿Acaso el nuevo cronista tenía que ser elegido por el dedo de Dios? Conozco a la mayoría de los postulados, y son gente con capacidad y cualidades para contar la historia de nuestra ciudad.
En resumidas cuentas, es el Cabildo quien decide y considero poco pertinente que se ponga en duda la credibilidad del Ayuntamiento de Mérida, el cual, aunque cambie de autoridades es el que se ha encargado de las postulaciones iniciales e incluso del actual. Por supuesto, acepto que pueda perfeccionarse la dinámica de la designación y que se considere el gesto de la igualdad de género, para lo cual vería con agrado una cuarta cronista, porque al fin y al cabo estamos hablando de la gestación de un Consejo de Cronistas.
Concluyendo: me congratulo con la llegada de los Jorges, como los conoceremos ahora en el mundillo de las letras. No cabe duda que esto dará un giro benéfico a la crónica de Mérida.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
