El Poder Legislativo tiene una función representativa y es precisamente en la institución legislativa en el que se encuentra el camino para transitar y fortalecer la democracia.
Y es precisamente en la cuestión de la representatividad, su funcionamiento interno, su relación con el Ejecutivo y la soberanía que debe tener un parlamento por el que se robustece este Poder ya que recoge la voluntad de los ciudadanos.
El tema de la representación en los congresos en un asunto histórico y todos los países —al menos los que transitan en la democracia— son los que han establecido reglamentos y fórmulas para una mejor representación ciudadana, misma que no debe ser denostada por la mayoría, sino que debe atenderse las diversas formas de expresión que realizan los ciudadano a través de la propuestas que hacen los partidos políticos.
La realidad social muchas veces es compleja, y pueden existir un sinnúmero de opiniones y voces ciudadanas, todas, absolutamente todas cuentan.
Una democracia no puede existir si no existe un parlamento basado en el pluralismo político. El sistema de pesos y contrapesos debe existir entre los poderes del Estado, pero también en el interior de los parlamentos, solo de esa forma la democracia seguirá permeando en los Congresos o Parlamentos.
Urgen Parlamentos en donde exista la verdadera libertad de expresión y asociación. Y aunque una cosa son las voces distintas, otra también es el avasallamiento del partido político en el poder, las “negociaciones” o el aprisionamiento de los diputados que entre las distintas fuerzas políticas muchas veces se dan.
Para la representación legislativa se necesita, sin duda, fortalecer los canales de articulación de las preferencias ciudadanas y no pretender acallarlas o desdeñarlas. La voluntad ciudadana se debe traducir en la demanda de una democracia participativa.
Es el parlamento el baluarte de la democracia representativa e ideológica. No se puede disminuir la importancia de la representatividad ciudadana, ya que es fundamental. Existen países que gozan de amplia tradición democrática y en ninguno de ellos se da una merma a la representación ciudadana.
Es en el Parlamento o Congreso en el que se tiene la manifestación inmediata de la representación de los intereses de una comunidad, de un grupo específico, por ello se habla de una legitimidad democrática dentro de los congresos.
No hay que olvidar que a través de la participación en las elecciones el ciudadano otorga expresiones de confianza o desconfianza hacia determinados partidos o funcionarios públicos, en ese sentido, es necesario que esas expresiones sean voz viva en los congresos. Nadie puede estar excluido, muchos menos subordinado o actuar de manera sumisa. Y que los acuerdos que se tomen sean de cara a la sociedad y sus representados.
Cuando intenta demostrarse el exceso de poder, sin respetar la representación ciudadana, seguramente quien detenta este poder, está condenado a la ruina.
Se requieren fracciones parlamentarias bien organizadas y minorías fuertes que sean leales a la voluntad de los ciudadanos. Y no que una vez en el poder o en la representatividad, el ejercicio de este sea desleal.
Es necesario y sano no solo que exista la representación de los ciudadanos en los parlamentos, sino que estos se fortalezcan, sean estos de mayoría o minoría, ya que éstos simbolizan el derecho de los ciudadanos a participar en la toma de decisiones públicas y que quien los represente siempre mantenga esa responsabilidad.
De ninguna manera debemos pasar una crisis de legitimidad y representatividad, cualquier retroceso sería una pérdida de legitimidad y sería una disfuncionalidad dentro del sistema político. Si esto pasa ¿Quién será vigilante de los excesos que cometan los gobernantes?
Cuando los representantes son elegidos de forma directa o indirecta automáticamente se les da un carácter legitimador. En resumen: no puede haber desproporción en la representación de los ciudadanos.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.co m
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
