En Progreso, Yucatán, se está cometiendo un grave atentado contra la calidad de vida de sus habitantes, sus patrimonios familiares (sus casas) y cultural.

La mala política pública: se ha construido un viaducto conectado de manera directa con el muelle fiscal para que ingresen y salgan los tráileres y vehículos de carga del puerto. ¡Qué bien! Pero, ¡no!

Esperen, a pesar de esa nueva infraestructura, el transporte pesado seguirá recorriendo las calles del puerto, generando ruido, humos, vibraciones y peligro para los habitantes y sus diversas actividades: habitar, ir a la escuela, al templo, al estanquillo de la esquina, al restaurante, al gimnasio, al salón de belleza, a la tortillería, a la carnicería y también para descansar en sus hogares, ¡y hasta para dormir! Si es que pueden.

En lugar de utilizar este genial viaducto elevado para todo el tráfico pesado del puerto de Progreso, sólo pasarán por él los vehículos que paguen peaje. A quienes no quieran pagar, se les obligará a recorrer las calles de la ciudad, una de ellas –la antes llamada 25, ahora 75– de las más antiguas del puerto, con arquitectura del patrimonio cultural, popular y vernáculo, además de atravesar el Centro Histórico, junto al Mercado y la Casa de la Cultura. ¡Un verdadero crimen!

Una buena administración pública habría asumido el costo de esta infraestructura básica, en lugar de convertirla en un negocio, para que todos los vehículos de carga que ingresen y salen del muelle fiscal pudieran pasar por ella sin pagar peaje, ahorrándole a la ciudad de Progreso y a sus habitantes la horrible y destructiva experiencia del paso de los tráileres (muchos de doble remolque).

  • Calles de Progreso por donde pasarían los camiones de carga que no usen el nuevo viaducto elevado (Cortesía)
  • Calles de Progreso por donde pasarían los camiones de carga que no usen el nuevo viaducto elevado (Cortesía)
  • Calles de Progreso por donde pasarían los camiones de carga que no usen el nuevo viaducto elevado (Cortesía)

Nos manifestamos en contra de esta pésima decisión y pedimos a todos los sectores de la sociedad unir fuerzas para impedir este garrafal error urbano, cultural y social.— Progreso, Yucatán, 18 de septiembre de 20205

*) Doctor en Arquitectura por la UNAM, con especialidad en Historia de la Conservación Arquitectónica Urbana. Académico jubilado de la Facultad de Arquitectura de la Uady y excoordinador del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos) Yucatán.

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