“Las estadísticas son el arte de mentir con elegancia”.— Óscar Wilde
Esta ironía, tan vigente entonces como hoy, parece haber sido adoptada como manual de instrucciones por cierta clase y naturaleza de dirigentes contemporáneos.
Observamos, con creciente preocupación, una sumisión pasmosa, una actitud conformista y permisiva que muchos líderes adoptan, ante lo que se difunde pomposamente como “avances” y “logros” en los desgastados y trillados “informes” que emanan de las autoridades.
En lugar de ejercer un escrutinio firme y propositivo, prefieren ser vistos y que los vean desde la comodidad del aplauso fácil, además de prácticamente abstenerse de cuestionar, evitando toda contradicción, lo que nos lleva a tener como resultado una peligrosa divergencia entre la narrativa oficial y la realidad tangible.
Malabares
Se juega literalmente con los números, se maquillan cifras esculpiéndose indicadores a conveniencia para unos para recibir los aplausos y elogios zalameros de los otros.
Mientras tanto, los datos duros e incómodos, aquellos que comprometen y desnudan las falacias estructurales, son discretamente omitidos.
Se convierten en fantasmas estadísticos: todos saben que existen, pero nadie los quiere nombrar y es precisamente esta contabilidad creativa, la que construye un castillo de naipes sobre la base de la credibilidad pública confundida por estos aplaudidores que muy seguramente recibirán sus premios y alguna que otra fritura o croqueta.
La ironía fina reside en que quienes deberían ser los guardianes del rigor, se transforman en los principales entusiastas del espejismo, celebrando crecimiento donde hay estancamiento, aclamando empleo donde solo existe subempleo precario; es, en otras palabras, el equivalente a una función de ballet burocrático, donde todos los que bailan lo hacen al son de los porcentajes, aunque la música no suene para la mayoría.
Llegados a este punto, no queda sino reír para no llorar así que imaginemos esta escena: un solemne funcionario presenta un gráfico de barras ascendente que, según él, “demuestra el éxito rotundo de la última iniciativa”, sin embargo, omite mencionar que la métrica se basa en el “índice de optimismo proyectado” o en el “número de formularios completados en línea”.
¡Magnífico! Mientras el ciudadano se ahoga en trámites digitales infinitos, ellos se felicitan por la “modernización”, recordemos que mientras los alquimistas medievales buscaban convertir plomo en oro, los nuestros convierten clics y “likes” en prosperidad.
Luego de superar este necesario paréntesis de sarcasmo, es imperativo volver a la seriedad.
Plataforma base
La solución no yace en la crítica estéril, nos urge crear las condiciones que faciliten un emprendimiento robusto con la construcción diligente, que estructure adecuadamente el crecimiento orientado a sectores estratégicos con alto valor añadido.
El objetivo debe ser dual y claro afianzando empleos productivos, no precarios y dando pasos firmes para consolidar inversiones que coadyuven al verdadero bienestar social, no al mero beneficio contable de unos pocos.
Esto requiere valentía para desmontar los espejismos y trabajar con la materia prima de la realidad compleja, y ofertas reales para invertir con certeza jurídica.
Significa privilegiar la calidad sobre la cantidad, la substancia sobre la forma, el largo plazo sobre el encabezado efímero, lo cual implica verdaderos liderazgos de esos que poseen la fortaleza para mirar más allá del siguiente informe trimestral o del próximo ciclo electoral, líderes que prefieran cimientos de roca, a castillos en el aire.
El verdadero progreso no se mide en puntos básicos de un indicador aislado, se mide en la solidez del empleo de una familia, en la estabilidad de una pequeña empresa que se atreve a emprender e innovar, en la confianza de un inversionista que apuesta por el talento local.
Solo la integridad intelectual, que desafía lo ficticio y abraza lo real, construye progreso que perdura y dignifica, siendo al final la métrica que perdura, aquella que escribe la historia real de una nación, pero no con cuentos ni cifras maquilladas sino con realidades.
Corolario: Datos maquillados no iluminan el conocimiento, proyectan sombras de conveniencia.— Mérida, Yucatán
Correo: ingenieroalfonsogonzalez@gmail.com
@alfonsoengineer
*Consejo Mundial de Ingenieros Civiles (WCCE). Consejo Asesor
