Al asumir su cargo, el nuevo presidente de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (SS-Tepjf), Gilberto Bátiz García, asumió cinco “compromisos ejes”, entre ellos una colegialidad funcional y una administración ordenada y racional.

“Un tribunal dividido” y polarizado “no sirve a México”, expresó.

El magistrado aludió a dos de los rubros que ensombrecen al tribunal: la división interna generadora de inestabilidad y el gasto dispendioso, una parte del cual ha servido para satisfacer vanidades y sed de poder, para financiar indirectamente opiniones favorables al tribunal y para turismo electoral.

Hay otros rubros que el nuevo presidente del Tepjf deberá afrontar, como el tráfico de sentencias, cuya existencia es bien conocida y comentada en los círculos internos o cercanos al Tribunal.

El tráfico ha sido frecuente antes de los gobiernos de la 4T y ha subsistido con ésta, particularmente respecto de procesos estatales y municipales.

La 4T favoreció a los magistrados con la ampliación de los períodos de quienes estaban en funciones antes de la elección judicial. Janine Otálora Malassis no aceptó la prórroga y dejó la SS al concluir su período original, con lo cual propició que, otra vez, el órgano judicial quedara incompleto, ahora con seis magistrados, lo cual podría originar empates y llevar a indeseables votos de calidad.

Los dos nuevos magistrados, Bátiz y Claudia Valle, aparecieron en los “acordeones” atribuidos a algún segmento del oficialismo.

Internamente, el nuevo presidente de la SS-Tepjf tiene el desafío de poner fin a las malas prácticas de algunos magistrados y mandos superiores del tribunal en materia laboral. Ha habido en años recientes casos escandalosos de acoso sexual y laboral que han llegado a diversas instancias externas, incluso a la FGR. Esta emitió resoluciones a favor de la víctima de una manipulación cuya autora debió ser investigada por armar, por instrucciones de un magistrado, una trama destinada a inculpar a un trabajador, como lo expliqué en una columna anterior. En vez de sanción, la autora de la trama fue premiada con un ascenso.

Hay otro caso escandaloso en que la víctima, una trabajadora, fue acosada laboral y sexualmente por un magistrado y, como se rebeló, fue hostilizada y cesada y, además, ha sido objeto de persecución por parte de su exjefe, incluso después de ser despedida de la SS.

No son los únicos casos de acoso, pero son ejemplos de cómo se actúa en un órgano cupular en el que —irónicamente— se hacen lenguas contra la violencia política en razón de género y en pro de la sororidad, que en la SS sólo existe en el discurso y en los lentes morados de la expresidenta Soto.

Es de preguntarse si esos casos fueron o serán revisados en el curso taller “Clima laboral libre de discriminación. Cero tolerancia al acoso y al hostigamiento sexual”, inaugurado recientemente en el Tepjf por la magistrada Claudia Valle.

Plus digital: la difícil colegialidad

Muy pronto los propósitos de colegialidad del nuevo presidente del Tepjf se disociaron de la práctica, con el nombramiento del nuevo secretario general de acuerdos, Carlos Hernández Toledo, que fue aprobado por cinco de los seis magistrados, con el voto en contra de Reyes Rodríguez Mondragón, quien emitió voto particular, aunque sí estuvo de acuerdo con la designación de la subsecretaria Priscila Cruces Aguilar.

En su voto particular, Rodríguez Mondragón expuso dos razones para oponerse al nombramiento mencionado. 1)La titularidad de la Secretaría General de Acuerdos debió corresponder a una mujer y no a un hombre. 2)En las condiciones en que se realizó el nombramiento no se observó la colegialidad, pues la propuesta se sometió a votación sin mediar ningún procedimiento previo de consulta, lo cual canceló cualquier posibilidad de deliberación previa o durante la toma de la votación respectiva.

“En mi concepto —argumentó Reyes Mondragón—, la colegialidad no se agota en el acto de emitir un voto, sino que requiere de un proceso previo de diálogo, análisis y contraste de argumentos, sin lo cual el órgano pierde su carácter colegiado y se puede convertir, en la práctica, en una instancia unipersonal que somete a ratificación decisiones ya tomadas”.

Por otra parte, sin la relevancia de ese caso, hubo un desliz compartido por las áreas de Comunicación Social del Tepjf y de la Suprema Corte de Justicia, cuyo presidente Hugo Aguilar Ortiz asistió a la toma de posesión de Bátiz García. En los respectivos boletines de ambas instituciones sobre el evento se confundieron los cargos de Celia Maya García, presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial, y de Néstor Vargas Solano, presidente del Órgano de Administración Judicial. Peccata minuta.

Periodista

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