“No hay nada peor por hacer que no hacer nada”.

Como un ejemplo de descontento o inconformidad, nacionalmente se verificó la Marcha de la Generación Z que la forman los representantes de las últimas generaciones nacidos en plena era digital con el internet y las redes sociales como sus fieles acompañantes.

Los jóvenes de la Generación Z (18 a 29 años) representan aproximadamente el 26% del padrón electoral en México, según datos del Instituto Nacional Electoral (INE).

Análisis demográficos marcan que este sector conforma alrededor de una tercera parte del padrón electoral nacional. Es decir, de cada 10 votantes inscritos, casi 3 son jóvenes de la Generación Z. Sería numéricamente decisiva su presencia en las elecciones, solo que su baja participación no ha impactado como debiera en los resultados. Si este grupo se movilizara más, podría cambiar el panorama político del país.

La mencionada marcha no fue la excepción, pues se observó a mucha gente de edades mayores que no pertenecen a la generación correspondiente, incluso algunos viejos políticos conocidos se mezclaron robándole un poco de esencia a la finalidad del evento.

A través de los años siempre habrá gente descontenta o inconforme en un régimen democrático pues los gobiernos muchas veces no logran abatir las necesidades básicas de muchos de los ciudadanos.

Existe siempre gente que en cuestión de opiniones difiere pues unos aprueban a un gobierno en turno y otros no lo hacen a veces llegando a discusiones frenéticas donde la rabia y el coraje hacen su presencia y muchas veces distorsionando la realidad de las cosas.

“El actual gobierno no funciona, pero no podemos hacer nada hasta que haya elecciones, hay que esperar”, es común escuchar esto en muchas conversaciones en populares bares, cantinas, cafés, parques y en toda ágora o plaza pública o centro comercial

No ayuda mucho que los partidos de oposición en turno, principalmente PAN, PRI y MC no han demostrado en los últimos tiempos el comportamiento de una oposición pensante e inteligente y se centran en la política de sus legisladores de hacer el papel de perros de caza armando griterías o papelones y todo siempre lleno de palabras soeces y groserías indignas (desde mi punto de vista) para políticos de semejante investidura, donde las propuestas no son ni mencionadas.

En la última elección nacional que fue por la reforma judicial, prácticamente la oposición hizo mutis o recomendó a sus seguidores a una especie de desobediencia ciudadana que fue la de abstenerse de asistir a emitir el derecho del sufragio.

El hecho de convocar a no votar nunca ha producido un buen resultado final. No deja de ser un berrinche ciudadano que no ha llevado a ningún lugar.

En ese caso los resultados fueron de escasa participación en relación al padrón y la mayoría que acudió a votar fue a favor de candidatos prácticamente sugeridos por medio de acordeones. La oposición reclama que un 87% del padrón electoral no votó como muestra de repudio y protesta. ¿Pero y si hubiera votado la mayoría que no lo hizo, no habrían ganado? Cuando menos los resultados no iban ser para las autoridades tan cómodos como los que se dieron pues prácticamente no hubo candidatos de la oposición a vencer tal y como ocurrió en las elecciones presidenciales de 1976 donde la oposición no registró a ningún candidato y el partido hegemónico no tuvo rival o complicación alguna.

En épocas de dicho partido (aparentemente perpetuo) se logró la alternancia del poder a base de presiones y manifestaciones de la sociedad descontenta y el voto cada vez mayor de los ciudadanos.

Actualmente estamos en una democracia incipiente la cual debemos pulir hasta conseguir la adecuada para un país tan suigéneris como lo es el nuestro.

Somos un país bajo un sistema democrático y por lo tanto tenemos el derecho de votar. Este derecho a decidir mediante el voto ciudadano es posible gracias a muchas luchas y derramamientos de sangre.

La ciudadanía no debiera decir: “No hay problema, faltan varios años y se van”. ¿Y si repiten?

Para lograr un cambio se hace un trabajo previo, y los principales actores para hacerlo son los partidos de oposición y los organismos de la sociedad civil organizada.

Y hoy se tiene una gran oportunidad de iniciarlo pues se acerca la fecha de una posible elección de revocación de mandato donde la oposición podría empezar a calentar el ambiente si no fuera para lograr una revocación, si eso es lo que propondrían, se lograría al menos amasar a más y más seguidores con miras a próximas elecciones pero con acciones como propuestas firmes y totalmente a favor de la ciudadanía y no con discusiones como en los foros políticos que más bien parecieran palenques con peleas de gallos con pleitos, empujones, sombrerazos y todo.

La desobediencia civil y las manifestaciones pacíficas pueden dar resultados, pero siempre que todo esté aparejado con un proyecto de oposición que aglutine el ánimo producto de estas marchas y movimientos y concluyendo siempre con lo más importante que es emitir el voto o sufragio y no promoviendo el no hacerlo que se ha demostrado que con eso no se consigue absolutamente nada.

La próxima posible elección para revocación de mandato se daría entre diciembre de 2027 y marzo de 2028 siempre y cuando que, para que se lleve al cabo una consulta, la ciudadanía debe presentar una solicitud respaldada por el 3% de la lista nominal de electores, con firmas de al menos 17 entidades federativas.

Trabajando en paralelo la sociedad civil organizada, con la participación de las generaciones X, Y o Z que deseen apoyar (por su parte) con similar propuesta a partidos de oposición tal vez se lograría una elección para la revocación de mandato sin ningún problema. Y a esperar los resultados evidentemente y reconocerlos si la situación así lo indica.

Es decir, el planteamiento sería que una sociedad civil organizada por todas las generaciones X, Y o Z y una oposición eficiente pudieran engrosar sus padrones de seguidores con sus actividades y manifestaciones civiles y públicas (pero pacíficas), y lo anterior sí y solo si se hace o estructura de manera paralela con la promoción a la participación ciudadana y hacer de la abstención electoral casi un sinónimo del pecado mortal en términos religiosos.

Para todo lo anterior mucho ayudarían los miembros de la Generación Z con sus habilidades en redes sociales y su entusiasta participación.

O también seguirse amargando la vida quejándose sin hacer nada o esperando un milagro que cambie el desarrollo de los acontecimientos.

Y claro está que todo lo anteriormente expuesto se puede afinar o mejorar ergo también habrá otras alternativas como volver obligatorio el voto.

Pero con solo quejarse no creo que se logre nada.— Mérida, Yucatán.

condeval1@hotmail.com

Ingeniero, valuador, Maestro en dirección de gobierno y políticas públicas

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán