“Cada vez que llego tarde a la casa mi mujer se pone histórica”. “Querrás decir ‘histérica’. “No, histórica. Me recuerda, con fecha y demás datos, todas las veces que he llegado tarde”.
Lejos de mí la temeraria idea de ponerme histórico, pero me atrevo a decir que las últimas muestras de auténtico apoyo popular a un Presidente las recibieron Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho, el primero en ocasión de la expropiación petrolera; el segundo cuando México le declaró la guerra al Eje tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
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