“Hoy la tierra y los cielos me sonríen. Hoy llega al fondo de mi alma el sol”. Los versos becquerianos me sirven para compartir con mis cuatro lectores la alegría que me causó el contundente triunfo del equipo de futbol americano de la Universidad de Indiana en el Rose Bowl. Llevo en el alma a los hoosiers desde que estuve en mi lejana juventud —tan cercana— en la Escuela de Periodismo de esa universidad.
Guardo recuerdos de mi estancia ahí. A la sazón Díaz Ordaz era Presidente de México, y Lyndon Johnson de los Estados Unidos. Fui entrevistado en un programa de televisión —no éramos muchos los mexicanos que estábamos allá—, y el conductor me cuestionó. “A diferencia de los Estados Unidos —dijo— en México no hay libertad de expresion”. Añadió: “Aquí yo puedo decir que el Presidente Johnson es un idiota, y no me sucederá nada”. Respondí: “En México hay la misma libertad. También allá yo puedo decir que el Presidente Johnson es un idiota, y tampoco me sucederá nada”.
En el magno auditorio de la universidad se presentó Pablo Neruda a hacer una lectura de sus versos. Era pésimo lector. Con voz monótona, apagada, sin levantar la vista de las páginas, leyó sus maravillosos versos, que leídos por él perdieron toda su belleza. Al principiar el recital la sala estaba abarrotada por un público expectante. Terminada la lectura quedábamos ahí unos cuantos.
En cambio nadie se salió, y todos aplaudimos de pie al final, cuando cantó ahí mismo Ella Fitzgerald. (Alguien le preguntó una vez a Louis Armstrong: “¿Quién es la mejor cantante de jazz?”. Respondió Satchmo: “¿Quieres decir después de Ella?”).
Advierto, sin embargo, que estoy divagando. Divagar es una de mis especialidades. Estaba hablando de futbol americano, mi segundo deporte favorito después del beisbol.
En el Rose Bowl de 1968 el equipo de Indiana fue vencido por un solo jugador llamado O.J. Simpson. Ahora, con Fernando Mendoza, ganador del codiciado Trofeo Heisman, como mariscal de campo, los hoosiers obtuvieron una aplastante victoria sobre Alabama: 38-3. Su próximo rival en el Peach Bowl será el muy poderoso equipo de la Universidad de Oregon. Le ganaremos. Digo “le ganaremos” porque yo encenderé el cirio pascual para pedir el triunfo de los hoosiers, lo cual es una gran aportación a la victoria.
A veces falla el cirio —también lo prendí cuando la pelea del Ratón Macías contra Alphonse Halimi—, pero no le he perdido la confianza.
Don Teodorico fue a comer en restorán. Con disgusto observó que en su gazpacho había un insecto. Llamó al mesero y le dijo irritado: “¿Qué es esto?”. “Señor —respondió muy digno el camarero—, aquí se viene a comer, no a instruirse”. (Me informan que la palabra “gazpacho”, nombre de una sabrosa sopa fría originaria de España, proviene del vocablo griego “gazofilacio”, nombre de la caja donde se recogían las limosnas destinadas al templo de Jerusalén. En ella se depositaban ofrendas de todo tipo, ya en monedas, ya en panes, frutos, alhajas, etcétera. En igual forma el gazpacho lleva ingredientes muy diversos; de ahí esa curiosa etimología).
Don Ruguito, señor de muchos calendarios, decía en tono lamentoso: “Cada día el trabajo me da menos placer, y el placer me cuesta más trabajo”. (Bien sentenció Jorge Manrique en sus dolidas coplas de pie quebrado: “Las mañas y ligereza, / y la fuerza corporal / de juventud, / todo se vuelve graveza / cuando llega el arrabal / de senectud”.
En el Ensalivadero, penumbroso paraje propicio a la expansión de los amantes, la linda Dulcibel le dijo a Babalucas: “Estoy excitada”. Replicó el gaznápiro: “Felicidades por tu éxito”.— Coahuila
Advierto, sin embargo, que estoy divagando. Divagar es una de mis especialidades. Estaba hablando de fútbol americano, mi segundo deporte favorito después del béisbol…
