
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
Gracias a la prensa libre, quienes se mantienen bien informados supieron en su momento —y lo recordaron esta semana— que la Auditoría Superior de la Federación alertó desde 2019 sobre las complicaciones técnicas derivadas de la orografía en el Tren Interoceánico, “orgullo del obradorato”. La advertencia fue clara: la obra se inició con prisa, sin una planeación adecuada.
A pesar de las reiteradas llamadas de atención, la obra faraónica arrancó sin un programa de ejecución plenamente concluido y sin contar con los estudios técnicos indispensables. Se advirtió que la alineación de la vía férrea se vería afectada por las ondulaciones del terreno y los obstáculos naturales del trazo; sin embargo, la política se impuso sobre la ingeniería.
También se supo que los hijos del expresidente López Obrador y sus socios tabasqueños han sido señalados por turbias operaciones multimillonarias en la compra y transportación, desde Cuba, de la piedra triturada necesaria para la obra. Las auditorías documentaron “inconsistencias en la sustitución de durmientes y problemas en la compactación del balasto” (bit.ly/4aD974J).
El gobierno guardó silencio cómplice, hizo caso omiso de las advertencias y ocurrió lo previsible. El lunes 28 de diciembre, la tragedia enlutó a varias familias del sureste mexicano: 14 personas murieron tras el descarrilamiento del Interoceánico en Oaxaca, en un tramo caracterizado por curvas peligrosas, durmientes en mal estado y una cantidad insuficiente de balasto.
Nos enteramos con detalle gracias a la información oportuna de la prensa independiente y a su impacto en las redes sociales (bit.ly/4su6NUc). Pese al esfuerzo manipulador del régimen, no pudo evitarse que “el pueblo” de México conociera las escenas de caos tras el accidente, la cerrazón informativa sobre el estado de las víctimas y el rostro humano de esa tragedia en territorio morenista.
La ola de críticas se expandió por las redes: el accidente fue calificado como “una muestra del fracaso de la política ferroviaria del sexenio pasado, cuyos proyectos fueron heredados sin correcciones sustantivas”. Abrumado y sin argumentos sólidos, el gobierno optó por victimizarse y acusar a la prensa de ser “inhumana” y de incurrir en una “falta de pudor periodístico”.
En la “mañanera”, los esfuerzos se concentraron más en atacar al periodismo libre que en informar con claridad sobre las causas de la tragedia (bit.ly/4jsnBqu). La presidenta Sheinbaum reaccionó con visible molestia ante las exigencias de investigar a la familia de López Obrador, en particular a su hijo Gonzalo, “Bobby”, nombrado por el expresidente “supervisor honorífico” del ferrocarril.
Cuando el régimen se siente acorralado, no rinde cuentas: descalifica, evade y se victimiza. Lo ha demostrado reiteradamente desde 2018. Al periodismo crítico se le criminaliza. Cuando una imagen o un reportaje exhiben los errores del poder, la respuesta son los ataques: se acusa a los medios de “lucrar con el dolor” y se intenta trasladar la indignación al mensajero.
MANIPULACIÓN
Se descalifica a todo aquel que genera datos incómodos y se manipula la información, recurriendo a indicadores incompletos o a interpretaciones torcidas para presentar los fracasos como éxitos. El objetivo no es informar con transparencia, sino alimentar una falsa percepción favorable que mantenga hipnotizada a una mayoría aún satisfecha con el clientelismo improductivo.
Tergiversan para sostener narrativas como la supuesta reducción de delitos, basada en la reclasificación de homicidios dolosos en la categoría de “otros delitos contra la vida”, lo que mina la confianza en las cifras (bit.ly/3KZ4Lut). Algo similar ocurre cuando se “justifican” errores en proyectos como el hospital general de Ticul bajo el peregrino argumento de su adaptación a “criterios sísmicos” (bit.ly/4spAzJG).
En las obras públicas, la falta de planeación rigurosa suele producir sobrecostos, retrasos, fallas estructurales, afectaciones ambientales y riesgos para la seguridad de los usuarios. Durante el obradorato ha quedado claro que los proyectos de infraestructura responden más a criterios de propaganda que a la atención de necesidades reales con estándares de calidad.
También se ha consolidado la idea de que, para el régimen, es prioritario debilitar a los organismos autónomos encargados de investigar fallas y abusos del gobierno. Bajo ninguna circunstancia debe permitirse que “el pueblo” tome conciencia de esos errores. De ahí que, cuando surge un escándalo, la prioridad no sea esclarecer los hechos, sino controlar la narrativa.
Los habitantes del Sureste —los peninsulares en particular— tendríamos que tomar muy en cuenta lo ocurrido en Oaxaca. Especialistas, ambientalistas, ingenieros, auditores y pobladores vecinos de la obra han advertido reiteradamente sobre los riesgos del improductivo Tren Maya. La improvisación técnica y la vulnerabilidad ante desastres deberían inquietarnos a todos.
EN EVIDENCIA
La desesperación morenista ha vuelto a quedar en evidencia. A la crisis económica, que pone en riesgo la permanencia del clientelismo en el largo plazo, se suma el creciente desgaste de la narrativa populista, las contradicciones entre el discurso y los hechos, la consiguiente pérdida de credibilidad y, desde ayer, una poderosa amenaza externa: la del presidente Trump.
“Algo habrá que hacer con México”, declaró el mandatario estadounidense tras la detención del dictador Nicolás Maduro en Venezuela. “Claudia Sheinbaum es una buena mujer, pero los cárteles gobiernan su país; está muy asustada por el poder de los narcos. Le hemos ofrecido muchas veces hacernos cargo de ellos, pero nos ha rechazado”. Una amenaza latente (bit.ly/3YnoGpW).
La solidez del obradorato parece resquebrajarse. La tragedia ferroviaria y la reacción del régimen ante el golpe de Trump en Caracas lo dejan al desnudo. Resulta hasta ahora inexplicable la reaparición de AMLO, quien ayer salió a criticar a su examigo del Norte y a recomendarle “mandar al carajo” a “los halcones”, luego de guardar un silencio inaudito ante el desastre.
Cuando el poder político pierde la narrativa, intenta controlar la realidad, estigmatiza a la prensa y se victimiza sin sustento claro, se encienden todas las luces de alerta. La aparente indiferencia ante la tragedia propia y la estridencia frente al conflicto externo son una prueba más de la pérdida de consistencia. Conviene estar muy al pendiente.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx(https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del escrito?
El mensaje central del texto es una crítica profunda al gobierno populista de México y su manejo del Tren Interoceánico. Muestra cómo la improvisación, la falta de planeación, la corrupción y la manipulación llevaron a una tragedia previsible que causó la muerte de 14 personas.
El texto enfatiza que el régimen prioriza controlar la narrativa y victimizarse frente a críticas, en lugar de asumir responsabilidades, y señala la fragilidad de su credibilidad y consistencia, tanto ante la opinión pública como frente a presiones externas, como las advertencias del presidente Trump.
En esencia, el texto alerta sobre los riesgos de un poder político que antepone la propaganda al bienestar ciudadano, desmantela organismos autónomos, ignora la ingeniería y minimiza las advertencias técnicas, dejando en evidencia la vulnerabilidad del país ante desastres. Resalta la importancia de mantener sociedad civil y prensa independientes vigilantes.
