¡Pero por supuesto! no se puede ser de izquierda, es decir mantener una ética que exige justicia social, mejor distribución de la riqueza y oposición a la discriminación o violencia contra mujeres, grupos étnicos, clases sociales, integrantes de la diversidad sexual, migrantes y demás grupos vulnerables y aplaudir también cualquier intervención extranjera a nuestro país. Sobre todo, la de un país imperialista con un gobierno racista, antilatino, machista, homofóbico, y cuyo líder pondera la supremacía blanca, es antidemocrático, saqueador de los recursos de otros países y a quien no le interesa nada, pero ni un poco, el bienestar de las poblaciones de los países que invade.
Y conste, también hay que reconocer que, en ese mismo país del norte parte de su población incluso blanca y de clases acomodadas, ha salido a defender a los latinos atacados por la policía migratoria, exponiendo sus propias vidas. Así sucedió a Renee Nicole Good a quien un agente de ICE asesinó durante un violento operativo contra migrantes, a los que ella y otros norteamericanos defendían. Por lo tanto, las consignas contra los “gringos” en las plazas son totalmente inconvenientes e incluso contraproducentes para cumplir nuestro objetivo de proteger a los y las latinas que viven en ese país y a los países hermanos de este y otros continentes. Nuestro enojo y oposición debe ser contra un gobierno y su dirigente: Trump, un loco machista y prepotente, émulo de todos los dictadores fascistas que tanto daño le han causado en el pasado y en el presente a la humanidad, no contra su población donde tenemos aliados a nuestras causas.
Ahora bien, las amenazas de ese gobierno imperialista y del monstruo que lo dirige, si bien hacen que nuestro sentimiento nacionalista se agigante, ¿nos deben llevar también a cerrar filas con nuestro propio gobierno y a obligarnos a cerrar los ojos ante amenazas internas a nuestras vidas como son: la narcopolítica, la militarización del país, la ya inocultable corrupción de los políticos de Morena, el desmantelamiento de los órganos democráticos, el uso clientelar de los recursos públicos y todos los problemas y carencias que vivimos en temas de salud, educación, encarecimiento del transporte público, entre otros?
¿Podríamos adoptar la postura política de los chinos comunistas durante la invasión japonesa a su país en 1937? Esta fue la de integrar un solo frente con sus rivales nacionalistas para resistir al invasor y logrado el objetivo, ganada la guerra, continuar la lucha interna. La anterior fue una estrategia que además les permitió a los chinos, bajo la bandera comunista, obtener popularidad, ganarles luego a los nacionalistas y gobernar su país.
Debemos tomar en cuenta que los dirigentes de Morena pretenden ahora legitimarse y obtener simpatías a través de sus “jornadas por la soberanía”, invocando a nuestros sentimientos patrióticos, pero curiosamente en sus concentraciones partidarias abundan conocidos políticos ex priistas, aquellos mismos que integrantes de la izquierda acusaban en el pasado de ser “vendepatrias”, de haber saqueado al país y a nuestro estado.
Difícil pero no imposible contestar el dilema de si debemos unir fuerzas o no con nuestro gobierno en pro de la defensa de nuestra soberanía o mantener nuestra actitud crítica al mismo. Pese a la narrativa de la presidenta de México donde se hace alusión a nuestra autonomía como país y manifiesta su solidaridad con los gobiernos de Venezuela y de Cuba, entre otros, el gobierno mexicano está más sometido que nunca a los intereses del gobierno de Estados Unidos, aceptando, por ejemplo, imponer aranceles a los productos de China como le ordenó Trump, pese a los efectos negativos de esta medida a la economía de nuestro país y de nuestros bolsillos. Permite también la realización del proyecto de gas extranjero (GNL Saguario) en el Golfo de California, un acuario del mundo, para la exportación de ese producto sin que las ganancias sean para México, es decir, aceptando la violación de nuestra soberanía y causando un enorme daño ecológico.
También es de tomarse en cuenta que al parecer, obedeciendo las órdenes del imperio, está cancelada la posibilidad de que nuestro país se sume a la BRICS Asociación económica-comercial de las economías nacionales emergentes o siquiera intente cualquier otra estrategia internacional que nos permitiera romper nuestra dependencia económica con el vecino del norte, aplicando medidas concretas como por ejemplo: ampliar nuestros mercados, proteger a nuestros productores como lo hace EE.UU. con los suyos estableciendo subsidios agrícolas, aranceles en defensa comercial y fomentando el consumo interno de productos mexicanos.
Para mayor prueba del sometimiento de nuestra nación, la Presidenta acaba de acordar el envío inmediato, nuevamente, de miles de soldados a la frontera, para supuestamente detener el narcotráfico, pero también el flujo de inmigrantes al país del norte y, que contrario a lo esperado, solicitó al Senado aprobar el ingreso de la armada de EE.UU. a nuestro territorio para “entrenar militares mexicanos”.
Así como las continuas violaciones a nuestro espacio aéreo por aviones y drones del país del norte, sin que nuestro gobierno reaccione o tome alguna medida en consecuencia.
Como ven, y espero no equivocarme, el país vecino está muy lejos de invadirnos, porque no tiene necesidad, sus intereses están muy bien asegurados con nuestro gobierno al margen de cualquier retórica nacionalista de la presidenta o del bravucón de Trump y sus amenazas. Así que no estaría mal que el sector de la oposición que pide a gritos que EE.UU. nos invada, dejara ya de exhibirse como vende patrias y de hacerle el caldo gordo al gobierno morenista que intenta acallar las críticas de la oposición, anteponiendo nuestros sentimientos nacionalistas a las muy reales problemáticas que enfrentamos en nuestro país.
Así que no hay necesidad de emular a los chinos comunistas de 1937, al menos no por ahora, aunque en el caso de una invasión por supuesto deberemos ser congruentes con la estrofa de “Más si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh Patria querida…” Porque nada justifica alentar una invasión extranjera o negarse a ofrendar nuestras vidas por la patria. Es decir, la encrucijada como izquierda de apoyar al gobierno neoliberal, corrupto y autoritario de nuestro país o aplaudir una posible invasión del país del norte, no existe. No tenemos ni debemos aplaudir una probable invasión a México (o a ningún otro país) por algún país imperialista, pero sí debemos seguir denunciando y luchando contra un gobierno, que en la narrativa es de izquierda y nacionalista, pero en la práctica es tan neoliberal como los anteriores y sigue estando sometido al imperialismo del norte como lo estuvieron los gobiernos anteriores.— Mérida, Yucatán
Antropóloga por la Uady, con maestría en antropología social
