Rolando Castillo Tun (*)
“El país que germina ante nosotros es el peor de mucho tiempo: tiránico en su esencia. Impotente frente al crimen. Para los fieles, impunidad. Para los adversarios, dureza. Ante las víctimas, negación”.— Héctor Aguilar Camín
Quienes nacimos en este hermoso estado yucateco siempre fuimos bendecidos por la calidez de su gente y la tranquilidad existente en cada uno de sus municipios y comisarías.
Algunas costumbres como dejar abiertas las puertas de nuestras casas o el salir a platicar entre vecinos y disfrutar del aire fresco en las épocas de calor son estampas que nos marcaron a generaciones pasadas.
No era común escuchar historias de agresiones y asesinatos violentos cometidos por foráneos, así como también, era poco sonado la venta de sustancias tóxicas a los que estábamos en plena juventud.
Qué tiempos aquellos.
Y así fue como el desarrollo tecnológico apareció en el devenir de la vida, prometiendo un mundo más cómodo y feliz, en donde el ser humano tendría al alcance de un botón todo aquello que le procurará estabilidad.
La información comenzó a circular en gran cantidad para todos los individuos dejando vulnerables principalmente a aquellos que carecían de acompañamiento y formación ante la avalancha de datos.
Y fue así como la sociedad de nuestro estado ingresó al repentino progreso abriéndose a nuevas propuestas de convivencia y maneras de concebir los usos y costumbres que definían nuestra identidad.
Pero ahora la paz que nos identificaba como pueblo se ve amenazada y asediada por acontecimientos criminales de gran escala; ciertamente la maldad propagada por el ser humano ha estado presente en todas las administraciones políticas y gubernamentales, pero también es innegable que en los actuales gobiernos federales y estatales la creciente ola de organizaciones delictivas parece gozar de impunidad.
Sería ingenuo creer que no sucede nada malo en los municipios, que los adolescentes están seguros y exentos de las tentaciones que ofrecen en la clandestinidad las sustancias enervantes y otros vicios que indudablemente se adquieren a cambio de dádivas.
Sostener que el crimen organizado aun no opera en tierras yucatecas es querer negar la realidad destructiva que se percibe en los adolescentes actualmente y los esclaviza a adicciones; así como también, ignorar la violencia intrafamiliar y el aumento del índice delictivo que veladamente opera en tantos municipios de nuestra entidad.
Hay escenas donde jóvenes deambulan como zombis por las calles de Mérida y otras comisarías como testimonio de los efectos de la venta y consumo de drogas a plena luz del día.
El reclutamiento de individuos de diferentes edades para operar con violencia y expandir los efectos negativos que las organizaciones criminales imponen, deberá no ser ignorado por parte de las autoridades que actualmente son responsables de la seguridad de todos los ciudadanos.
Recientemente escuchamos el informe estatal del gobernador Joaquín Díaz Mena, que en materia de seguridad destacó la adquisición de unidades de transporte para vigilancia, así como también mejoras en el servicio de monitoreo de parte del C5i y la capacitación de agentes; más no obstante estos logros, el compromiso adquirido ante la sociedad yucateca de erradicar el crimen y la impunidad deberá ser retomado como prioritario a fin de evitar futuras ejecuciones violentas que perturban la estabilidad de nuestro estado.
De igual forma, el arzobispo monseñor Gustavo Rodríguez Vega opinó sobre el triste caso criminal acontecido en el puerto de Dzilam González e insistió en “trabajar unidos para fortalecer el tejido social”, así como también apremió seguir promoviendo la paz con acciones concretas.
Por tanto, aunque puedan existir opiniones encontradas, instituciones de gobierno y eclesiales, estamos llamados a impulsar líneas de prevención para atacar de raíz el problema.
En conciencia somos responsables de la adecuada formación de nuevas generaciones que, inmersas en un mundo más plural y menos reflexivo, necesitan la guía de valores trascendentes y perennes.
Escuchamos decir que el mundo cada vez está peor, pero si no damos el paso de educar desde el seno familiar es poco probable que podamos realmente transformar.
Por ende, iniciemos desde nuestro cargo, trabajo o responsabilidad la concientización de la urgente erradicación de la violencia para recobrar la paz tan anhelada en Yucatán.— Mérida, Yucatán
padrerolandocastillo@icloud.com
Sacerdote católico
