El uso del celular es una conducta que tenemos los seres humanos prácticamente la mayor parte del día. Quién iba a pensar que un pequeño aparato que antes solo servía para hacer llamadas con otras personas, hoy prácticamente es como una extensión del cuerpo humano, pues nos levantamos haciendo uso de él y dormimos también con él. Lo que antes era una forma de hablar entre personas y con el avance de la tecnología, hoy es una herramienta para el trabajo de las oficinas, pero también en la actualidad se usa para entretenimiento de todo tipo, es más, ya hasta casinos virtuales existen. Con la llegada de los celulares las redes sociales tuvieron un auge en todo el mundo, y una afición por querer saber qué pasa en nuestro entorno.
Sin embargo, hay varios fenómenos que se dan con las personas que hacen uso excesivo del celular, perdiendo el contacto con las demás personas que las rodean. Uno de ellos es el phubbing. Es un fenómeno que abarca todas las edades y estratos sociales y es ya preocupante en la sociedad. .
Este fenómeno o conducta se trata de ignorar a alguien por mirar el celular, rompiéndose totalmente el proceso fundamental de intercambio que la información y comunicación entre el emisor y el receptor provoca, pero el tema va más allá, pues provoca también un deterioro de relaciones entre la pareja, familia, amigos y demás personas, por falta de conexión emocional y confianza, además provoca problemas de salud mental como ansiedad, depresión, baja autoestima, conflictos y distanciamiento e incluso problemas de sueño y rendimiento, afectando toda comunicación y generando resentimiento, según varios estudios y reportes de especialistas.
Por culpa del uso excesivo del celular o por priorizar contestar en cualquier momento y en cualquier lugar el móvil, existen personas ignoradas y desvalorizadas, cuando se persiste en esa actitud se aumentan las discusiones, la desconfianza y el resentimiento, creando un ciclo negativo y recurrente.
Son muchas las familias las que han perdido el contacto humano y de disfrutar esos momentos importantes de compartir experiencias; incluso en las fiestas el problema del celular está latente. Pueden estar presentes, pero al mismo tiempo ausentes. Y eso hace que poco a poco la familia pierda unidad e interés y la ayuda entre sus miembros.
Es evidente que con esta conducta se daña la comunicación, se pierde la escucha activa, el contacto visual y la captación de señales emocionales, volviendo la comunicación tan superficial y casi obligatoria.
Y lo que se creía en un principio que es una manera de mantener sanas las emociones, lo cierto es que las consecuencias empiezan a hacer merma en la salud y bienestar, pues además de la ansiedad, viene después la depresión, sentimientos de soledad y baja autoestima sino se está con el celular en la mano. Además que produce alteraciones del sueño, la exposición excesiva de las pantallas de los celulares reduce la melatonina, dificultando el descanso.
Otro aspecto son los problemas de atención, pues al no estar usando el celular, siempre asaltan las preguntas y las dudas que llevan a la falta de concentración.
Lo peor es cuando aparecen patologías como la nomofobia, es decir, el miedo a no tener el celular y comportamientos agresivos que son visibles y dañinos.
Todo abuso tiene consecuencias, y en este caso son las consecuencias sociales y familiares. No se puede normalizar este comportamiento de ninguna manera, menos en los niños, pero esa desatención o patrones la aprenden muchas veces de los padres. Por eso hoy en día hay niños a quienes se les dificulta entablar nuevas relaciones o mantener las existentes. Y no se diga los delitos que se cometen a través de los celulares. Sin alarmar. Creo que ya se está ante un problema grave que requiere medidas.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
