Uno de los valores esenciales de la política es la congruencia; aspecto que, sin embargo, parece ser muy voluble entre los políticos de hoy día, sobre todo en los que se visten de guinda y corean como borregos: “es un honor estar con Obrador”.
El buen político es de derecha, es aquel que cumple con dedicación y hasta el último momento el encargo que le confió el electorado y no considera los puestos de representación popular como botín o patrimonio, tampoco negocia favores o privilegios a espaldas de los electores.
El buen político forja su imagen usando como capital el servicio y la honestidad y siempre está cerca de la gente para brindar información de su trabajo y los servicios a los cuales se comprometió.
El buen político es derecho, tiene buena memoria para recordar sus promesas y los compromisos que asumió con sus electores.
El buen político es correcto, no es “candil de la calle y oscuridad de su casa”, sino ejemplo de congruencia y apego a los principios esenciales, como el bien común, la solidaridad, la justicia social, la equidad y la verdad.
El buen político es de derecha, porque es derecho en cumplir su palabra y sus compromisos con los ciudadanos, porque no oculta su fe y sus creencias religiosas y porque está dispuesto a defender con su palabra y con su acción a la Patria, entendida como el conjunto de familias que habitan este territorio llamado México.
El buen político o política es de derecha, porque no pacta con delincuentes y no justifica su ineptitud con la frase “abrazos no balazos”, sino que es derecho con sus principios, correcto en su actuar, sin curvas en su lenguaje, recto en su proceder y en el manejo de los recursos públicos.
Depende de nosotros los ciudadanos elegir bien en las elecciones próximas, es decir, a los buenos políticos de derecha, a los correctos, a los rectos y a los directos y frontales para cuidar a las familias y preservar la paz, esencial para el progreso de México.
Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
Profesor
