Es una realidad inobjetable que la izquierda sufre unos de sus peores momentos en América Latina asediada por el avance de la derecha en elecciones recientes y por las acciones agresivas del gobierno de Donald Trump en contra de regímenes socialistas.​

Los países de Chile, Ecuador y Bolivia, entre otros latinoamericanos, optaron el año pasado por elegir a presidentes de centro y de derecha y dieron un puntapié al populismo izquierdista.​

José Antonio Kast, del Partido Republicano chileno, alcanzó la presidencia con una sonora victoria en diciembre del año pasado por mayoría del 59 por ciento.​

Algo parecido sucedió en octubre en Bolivia cuando Rodrigo Paz Pereira, quien promueve un “capitalismo para todos”, triunfó en su país sobre las fuerzas de izquierda que intentó mover el expresidente Evo Morales.​

En Ecuador, el pasado mes de mayo se reeligió en la presidencia Daniel Noboa tras vencer a la candidata del partido del socialista Rafael Correa. Noboa dice ser de “centro-izquierda”, sin embargo, se le reconoce por su buena administración y su mano dura en contra del crimen organizado.​

A estos sucesos en favor de la derecha hay que añadir la victoria del movimiento libertario del presidente argentino Javier Milei, que obtuvo en octubre una sonora victoria al pasar de 37 a 93 diputados en el Congreso que le permitirán realizar varias reformas económicas.​

No hay que olvidar la figura de Nayib Bukele en El Salvador, cuyo gobierno derechista se ha convertido en el más popular de ese país y en un ícono para los movimientos en contra del socialismo.​

Como bien dice el refrán “el miedo no anda en burro” y fue así que la captura de película del bocón dictador Nicolás Maduro puso a temblar a más de uno de los regímenes socialistas que prevalecen en nuestro continente.​

Por lo pronto el presidente de Colombia, Gustavo Petro, abandonó su postura desafiante contra Donald Trump y optó por visitarlo en la Casa Blanca para pactar la paz e iniciar una nueva etapa de amistad y colaboración. La reunión fue calificada como optimista y positiva, mientras Trump dijo que Petro le cayó bien a pesar de que meses atrás ambos se insultaron a través de los medios.

En Cuba la oleada a favor de la derecha promovida por Trump y por su secretario de Estado, Marco Rubio, amenaza con derribar en cualquier momento la dictadura socialista que vive los minutos más aterradores en sus casi setenta años de vida.​

México no ha quedado al margen. El régimen de Claudia Sheinbaum se ha visto obligado a colaborar más de cerca con el gobierno norteamericano en la lucha contra el narcotráfico y la inmigración, en programas económicos y en acciones que antes eran impensables, como cortar el envío de petróleo a Cuba. ​Incluso la demora en la aprobación de la nueva ley electoral se interpreta como una respuesta a la presión yanqui en este delicado tema.

Por cierto, la corriente proderecha podría favorecer a la oposición en las elecciones legislativas del 2027, siempre y cuando los partidos se pongan las pilas, escojan candidatos honestos y capaces para así lograr recuperar el terreno perdido desde 2018.​

Por supuesto hay riesgos inherentes a esta nueva tendencia: si Estados Unidos exagera su presencia y sus presiones contra países latinoamericanos podría revertirse el avance de la derecha. Incluso podrían surgir grupos terroristas apoyados por el crimen organizado para desestabilizar la democracia como ya sucedió en el pasado tanto en Centroamérica como en Colombia y Perú, incluso en México con la insurrección zapatista de 1994.​

Lo realmente cierto es que la izquierda latinoamericana vive una crisis severa. Muy lejos está el Foro de Sao Paolo que fundaron Lula da Silva y Fidel Castro en 1990 con miras a imponer el socialismo en los países latinoamericanos en el siglo XXI. De ese acuerdo solo quedan cenizas: Fidel Castro y Hugo Chávez ya murieron; Nicolás Maduro pasará décadas en una prisión norteamericana; la argentina Cristina Kirchner sufre un arresto domiciliario; José Mújica también falleció mientas que Evo Morales y Rafael Correa están fuera del poder.​

Gustavo Petro se ha sometido a Estados Unidos, Daniel Ortega vive aislado del mundo, Miguel Díaz-Canel está muy cerca de ser derribado del poder, en tanto Lula ha adoptado una posición moderada. Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum siguen activos en México, pero cada vez más acotados por los norteamericanos.

En suma, la izquierda retrocede mientras la derecha toma un nuevo auge.— Ciudad de México.​

Noticias, noticias… Cayó otro de los ex aspirantes presidenciales del sexenio pasado. Adán Augusto López, amigo del alma de AMLO, dejó la coordinación política del Senado y dice que se dedicará a hacer proselitismo por Morena, pero nada menciona sobre sus obligaciones como legislador. Será cuestión de meses para que se vaya a ocupar una embajada.— Ciudad de México.

Periodista

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