Carlos Loret de Mola

El líder empresarial había logrado establecer una relación personal, íntima, de amigos, con el presidente López Obrador. No había sido fácil: los prejuicios del mandatario con respecto de los hombres de negocios —para él, todo aquel que tiene es porque algún delito cometió— fue siempre una barrera de entrada a Palacio Nacional. Pero esa barrera se fue derribando conforme grandes empresarios fueron poniendo rodilla en tierra ante el presidente, empezando por el más rico de todos.

Andrés Manuel invitó al líder empresarial a su departamento de Tlalpan, del que salió cuando ganó las elecciones para mudarse a Palacio Nacional. López Obrador estaba desmantelando la propiedad. Empacando sus cosas porque se iba a vivir a Palenque. El ánimo, pues, era nostálgico, reflexivo, de corte de caja. De pensar y repensar su lugar en la Historia. Eso que le obsesiona tanto.

Y ahí sucedió algo que nunca se había visto en los seis años de mañaneras en el gobierno: un López Obrador autocrítico. Hablando sobre su sexenio, por momentos parecía triste y deprimido. Conversando de cómo no había logrado pacificar al país, de cómo no había terminado o no habían funcionado las grandes obras. En su interlocutor, el asombro absoluto. Estaba atestiguando a un AMLO que finalmente aceptaba que el “abrazos no balazos” fue una mala estrategia y que cosas como el Tren Maya, el AIFA, la Megafarmacia no cuajaron, se convirtieron en un tiradero de dinero que dejaron a su sucesora atada de manos —también— presupuestalmente.

Al cabo que los dos en esa sala ya estaban en gira del adiós. Ahí queda para el registro.

Saciamorbos. El “abrazos no balazos” empezó a morir el 1 de octubre de 2024, cuando Omar García Harfuch asumió la Secretaría de Seguridad federal. Su enfoque para combatir la violencia fue desde un inicio diametralmente opuesto al del expresidente AMLO. Harfuch no lo había escondido cuando fue secretario de Seguridad en la capital del país. Por eso López Obrador lo ha detestado siempre. Porque le recuerda a García Luna y a La Guerra de Calderón. Hubo resistencias en Morena para el cambio de política de seguridad. Porque el líder no acepta contradicciones y porque en muchos estados el “abrazos no balazos” garantizó al partido en el poder un éxito electoral impulsado por el narco. Esas resistencias se quedaron sin oxígeno cuando Trump ganó las elecciones. El nuevo presidente de Estados Unidos no dejó espacio a la duda: era actuar contra los narcos o arriesgarse lo mismo a aranceles que a una intervención militar del vecino. Trump se volvió el mejor aliado de la extinción del “abrazos no balazos”. Su certificado de defunción se expidió este domingo 22 de febrero de 2026. Ese día terminó de confirmarse que lo que tenemos hoy bien podría llamarse La Guerra de Claudia Sheinbaum. Ella no lo puede decir, pero es la realidad. Y a ver cómo se pone.

Periodista

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