“Todo lo que disminuye nuestra potencia de vivir, es tristeza”.— Spinoza
Baruch Spinoza es uno de mis filósofos favoritos. No solo me encanta estudiarlo, sino que, siempre le descubro algo nuevo. Su teoría de las pasiones tristes es uno de los conceptos más profundos y vigentes de la filosofía moderna. En el análisis de las pasiones humanas muchas veces pudiera probarse que “la gente mala parece ganar.”
Para Spinoza “bueno” es lo que aumenta nuestra potencia de actuar, de vivir de manera plena, racional y libre. Y malo es lo que disminuye esa potencia: la alegría es buena porque nos fortalece. La tristeza es mala porque nos debilita. La bondad se mide por su efecto en nuestra libertad y vitalidad interna.
Y afirma que no es que los “malos” ganen realmente, sino que muchas veces las personas actúan desde pasiones tristes o confusas, como el miedo, el odio, la envidia, el deseo de poder o dominación y que estas pasiones pueden ser muy eficaces a corto plazo para controlar o manipular a otros. Aparentan ser “fuertes” o “triunfadores”. Y en realidad son esclavos de sus pasiones, no dueños de sí mismos. La verdadera justicia es interna: vivir guiados por la razón, no por las pasiones.
Conocer nuestras pasiones y entender de dónde vienen nos permite reemplazarlas por ideas claras y racionales. Es decir: vivir desde la alegría activa, no desde la tristeza reactiva. Para él, el que exista una sociedad más libre depende de cultivar relaciones que fortalezcan nuestra potencia de ser, lo que hace que se construya la base de una sociedad más libre.
Spinoza es uno de los pensadores más importantes del siglo XVII, y su obra principal, la Ética demostrada según el orden geométrico, propone una filosofía profundamente racional y al mismo tiempo espiritual, donde Dios, la naturaleza y la realidad son una misma cosa.
¿Qué son las pasiones tristes?
Spinoza dice que las pasiones tristes son una herramienta de dominación política y religiosa. Las autoridades que quieren controlar a las personas no fomentan la alegría ni la comprensión, sino la tristeza y el miedo, porque alguien triste es más fácil de manipular.
La única manera de liberarnos de estas pasiones es mediante el conocimiento, el pensamiento crítico y la comprensión de nosotros mismos y de las causas que nos afectan.
Y es momento de citar a Francois Dubet, sociólogo que popularizó las “pasiones tristes”, basado en las ideas espinosistas, definiéndolas como emociones negativas que surgen de desigualdades sociales y desorientación contemporánea, tales como la ira, el resentimiento, la indignación, el odio, la frustración y el desánimo.
Estas pasiones paralizan la capacidad de acción constructiva y suelen derivar en deseos de castigo o destrucción en lugar de buscar cambios estructurales.
Estas pasiones tristes son frecuentes en las redes sociales contaminando el ambiente social, familiar, educativo, político y moral. Las personas que las sufren perciben un orden injusto y desigual. Y de ahí que denuncien en forma de catarsis agresiva y altisonante. Se percibe mucho fracaso, ausencia de empleos estables y mucho desgaste emocional. Se advierte claramente una especie de inacción ante la adversidad y la falta de suerte lo cual les hace derivar en ira y resentimientos acumulados peligrosamente.
Spinoza propone una ética de la alegría activa: cultivar aquellos pensamientos y emociones que nos fortalecen, nos conectan con otros, y nos devuelven el poder sobre nuestra vida. Las pasiones tristes no solo nos afectan individualmente: pueden convertirse en una atmósfera social, un clima emocional colectivo donde predomina el resentimiento, la desconfianza o el miedo. Y por desgracia es el ambiente general que estamos viviendo en nuestro querido Mexico. Pero la existencia movida por esas pasiones no es verdadera libertad ni felicidad. Es estar a merced de fuerzas externas.
Por eso, pensar, entender y alegrarse no es un acto ingenuo, sino un acto profundamente ético y político. “La alegría es un paso hacia la libertad. La tristeza, hacia la esclavitud” afirmaba Spinoza con toda la razón del mundo. Siendo tan vigente hoy como en el siglo XVII.— Mérida, Yucatán
Abogada y escritora
