CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)

El mensaje era claro, directo, sin matices. El gobernador acusaba recibo. La incomodidad era visible, y no era para menos: “Sin seguridad plena no hay confianza, y sin confianza no hay desarrollo posible”, declaró con firmeza el presidente nacional de Coparmex el jueves pasado en Mérida. Desde el presídium, Joaquín Díaz Mena escuchaba y tomaba nota en silencio.

“El país necesita estabilidad, no discusiones que generen mayor división”, dijo días antes el líder patronal al referirse a la polémica iniciativa de reforma electoral. Juan José Sierra fue más preciso en Mérida: “Cambiar las reglas sin consenso, especialmente cuando provienen del poder que compite bajo ellas, debilita la confianza y envía señales de incertidumbre”.

“¿Se fortalecen nuestras instituciones concentrando poder o distribuyéndolo?”, intervino con filo David Reyes Aguiar, nuevo presidente local. Frente a los riesgos que implica la reforma, subrayó que los contrapesos son indispensables para un buen gobierno y se sumó a las exigencias de mayor certidumbre para fomentar la inversión. Díaz Mena seguía anotando (bit.ly/4snYVCV).

Los líderes empresariales no dejaron lugar a dudas de sus demandas. A pocos días del estallido de violencia tras la detención y supuesta muerte de “El Mencho” en Jalisco, reiteraron que la principal función del Estado mexicano debe ser proveer seguridad y las condiciones para un desarrollo sostenido. En respuesta, el gobernador decidió salir en defensa del gobierno federal.

Haciendo a un lado el discurso preparado, Díaz Mena recurrió a sus apuntes e improvisó una defensa vehemente de la propuesta de reforma del morenismo. “Sin deseos de polemizar”, aunque terminó polemizando abiertamente, no dudó en desacreditar los planteamientos del empresariado y repetir los argumentos de la presidenta Claudia Sheinbaum.

La simulación no abona al desarrollo. Si en verdad se quiere fomentar la inversión e impulsar el crecimiento económico —como asegura reiteradamente el gobernador de Yucatán—, es indispensable sentar las bases para lograrlo, comenzando por la fortaleza institucional que exige la estabilidad. Apoyar reformas que debilitan los contrapesos avanza en sentido contrario.

Se impone la reflexión ante la sorpresiva captura de Nemesio Oseguera Cervantes, líder del CJNG, y el estallido de violencia que desató. Los silencios oficiales, la falta de información en torno a este nuevo golpe al crimen organizado y el lanzamiento simultáneo de una controvertida iniciativa de reforma electoral en un contexto de incertidumbre deberían encender las alertas.

EL SILENCIO

En medio de versiones sobre supuestas presiones externas —sobre todo del gobierno de Donald Trump—, el régimen detuvo el domingo 22 a “El Mencho”, señalado por diversas voces como presunta pieza clave en el financiamiento de campañas políticas en distintas regiones del país (bit.ly/4cTWnHW). Los persistentes silencios oficiales al respecto resultan, cuando menos, preocupantes.

En aparente represalia por la captura de su líder, el poderoso cártel jalisciense sembró el caos en varios estados, con numerosos bloqueos e incendios. Se reportaron pérdidas millonarias y víctimas mortales, pero hasta la fecha no se han dado a conocer con claridad investigaciones ni acciones judiciales contra los responsables (bit.ly/4u0PdrD). La información pública sigue siendo insuficiente.

La presidenta Sheinbaum y sus voceros intentan minimizar los hechos y atribuyen nuevamente la crisis de seguridad al gobierno de Felipe Calderón. Abundan las versiones contradictorias sobre lo ocurrido con Oseguera Cervantes tras su captura, sin que hasta ahora se haya ofrecido información suficiente para disipar las dudas. El clima de incertidumbre se profundiza.

En medio de la crisis, y sin lograr siquiera un consenso pleno dentro de la propia 4T, se lanza apresuradamente una iniciativa de reforma electoral con el supuesto objetivo de reducir gastos y mejorar la representación del “pueblo” en el Legislativo. El proceso arranca en un momento especialmente delicado y podría traducirse en un nuevo golpe a los contrapesos democráticos.

LA SIMULACIÓN

La democracia se fortalece con instituciones sólidas, transparencia y rendición de cuentas permanente; se debilita con cinismo y simulación. Un sistema electoral equilibrado debe impedir la sobrerrepresentación, garantizar la competencia justa y proteger el pluralismo y a las minorías. La iniciativa de reforma presidencial apunta, preocupantemente, en dirección contraria (bit.ly/4cfnZXQ).

En la antesala de un proceso legislativo que amenaza con debilitar aún más nuestras instituciones democráticas, ya erosionadas por la concentración de poder desde 2018, resulta alentador el mensaje de los líderes del empresariado mexicano. Si queremos remontar la crisis, recuperar la inversión y restablecer la confianza, es urgente eliminar los obstáculos que lo impiden.

“La peor señal que mandamos a la inversión es que estamos cambiando las reglas del juego sin los consensos indispensables”, alertó Juan José Sierra en entrevista con Diario de Yucatán. De manera coincidente, el Instituto Belisario Domínguez del Senado advirtió que la reforma podría generar importantes ahorros, pero también pone en riesgo el esencial pluralismo político.

Motiva el renacer ciudadano que se vivió el jueves en Coparmex Mérida; sin frenos, el autoritarismo avanza. Nos sumamos al llamado de David Reyes a no quedarnos callados, porque, como bien dijo, “el silencio no construye, solo perpetúa lo que debe cambiar”. Necesitamos más diálogo y menos aplausos, aunque incomode al poderoso. Tomemos nota.— Mérida, Yucatán

direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx(https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia

¿Cuál es el mensaje del texto?

El mensaje del escrito es una alerta sobre los riesgos que enfrenta la democracia y la economía en México ante la concentración de poder, la debilidad de los contrapesos institucionales y la simulación política, combinada con un llamado a la acción ciudadana y al diálogo constructivo.

En concreto:

Seguridad y certidumbre institucional son indispensables: Sin garantías de seguridad y sin instituciones sólidas, la inversión y el desarrollo económico se ven amenazados. La captura de Nemesio Oseguera y la violencia posterior ilustran la fragilidad del Estado frente al crimen organizado.

La reforma electoral apresurada y sin consenso es peligrosa: La iniciativa presidencial se lanza en medio de crisis y sin acuerdos amplios, poniendo en riesgo el pluralismo, los contrapesos democráticos y la confianza social y política.

El papel de la sociedad y el empresariado es clave: Los líderes empresariales y ciudadanos actúan como alerta y estímulo para la reflexión y la acción. El renacer cívico observado en Coparmex Mérida demuestra que el silencio perpetúa problemas, mientras que el diálogo y la vigilancia ciudadana pueden defender la democracia y la certidumbre.

En pocas palabras: sin consenso, transparencia y contrapesos, no hay desarrollo ni democracia real; la sociedad debe mantenerse vigilante y activa.

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