El único culpable de la “epidemia” de renuncias, en todos los niveles del gobierno del Estado de Yucatán, no es otro sino el mismo gobernador Joaquín Díaz Mena, porque fue quien puso “bombas de tiempo” en cada Secretaría y dependencia oficial en su afán de quedar bien con todos y dar trabajo a quienes lo apoyaron en su campaña. Poco antes de asumir la gubernatura, “Huacho”, hizo actos malabares para acomodar a hombres y mujeres que lo apoyaron por interés, la mayoría expriistas y expanistas resentidos y sin chamba, muchos de ellos xmaoficios que antes de la llegada del PAN a la gubernatura en 2018 con Mauricio Vila Dosal, habían disfrutado de buenos sueldos y posiciones en los gobiernos de Ivonne Ortega Pacheco y Rolando Zapata Bello.
Las solicitudes de chamba llegaban a su escritorio respaldadas por intereses económicos de empresarios que le ofrecieron recursos para su campaña, incluso de personajes impresentables y de líderes sempiternos que en tiempos anteriores dirigieron partidos. Cuando “Huacho” dudaba de que “x” persona estuvo en su campaña, solicitaba una fotografía que demostrara que fulanito de tal lo apoyó. Y así llegaron muchas, decenas de fotografías a su oficina de transición, con anotaciones de que “menganito de tal te apoyó, ahí está contigo en tal lugar”.
Al más fiel estilo del obradorismo, “Huacho” repartió chamba, no trabajos, otorgó premios de acuerdo a su aportación en campaña con el consabido lema “10% de capacidad y 90% de lealtad”. No se apoyó en estudios previos, no comparó perfiles, no definió características de cada puesto y únicamente llenó casillas en una gráfica de Excel.
Pero, lo más grave fue que, en su afán de quedar bien con todos, prácticamente nombró hasta al conserje de cada Secretaría. Como se recordará, hizo varias presentaciones oficiales o conferencias de prensa, previo a su toma de posesión para realizar públicamente los nombramientos. En ese afán de parecer generoso y magnánimo con su gente, designó lo mismo a secretarios, que a jefes de departamento, directores y hasta coordinadores de área, haciendo un collage o “xec” de equipos variopintos en cada área de gobierno. Puso en el mismo barco a personas disímbolas o que nunca habían trabajado juntas o que eran diametralmente antagónicas.
En otras palabras, les restó autoridad a los titulares de cada Secretaría, y dinamitó las mismas al no permitir que los secretarios conformaran sus equipos de trabajo. En tal dinámica, cuando empezó el trabajo de verdad, comenzaron a surgir los egos y las rivalidades, coordinadores que no obedecen a su director porque le deben el trabajo al gobernador y que hacen lo que les da la gana, porque fueron nombrados en retribución a su esfuerzo en campaña y no por sus méritos académicos o sus habilidades y competencias.
Así, empezaron a llegar las quejas a Palacio de Gobierno, las rebeldías y los chismes, como último recurso para buscar algo de orden y de dirección.
Estoy convencido que “Huacho” gobierna como si fuera el alcalde de San Felipe, sin demeritar la importancia de dicho puerto, sino más bien, para ejemplificar que sus criterios y decisiones son pueblerinos y carecen de lógica, rigor científico o sustento y obedecen más bien a corazonadas, antipatías y simpatías.
Pero, lo peor de este desastre de administración collage, no es lo que hasta ahora hemos visto, sino lo que nos falta por ver. Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
rogergonzaleh@hotmail.c om
Profesor
