Poder significa la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y cualquiera que sea el fundamento de esa probabilidad.— Max Weber

Conocer y analizar la historia de la humanidad ofrece una comprensión del vivir contemporáneo, de los motivos por las que nuestras costumbres, tradiciones, políticas, religiones y más celebraciones responden a estilos particulares de ser.

La persona es la misma en su naturaleza desde sus comienzos, nadie puede jactarse de ser superior en la forma cómo su interior reacciona y asume la evolución de su historia personal. Todos estamos cortados con la misma tijera, reza el refrán popular y nuestras aspiraciones, seducciones o tentaciones son elemento constitutivo de todo ente; nadie escapa al bien y al mal.

Por eso, será de fundamental importancia que todo individuo preste atención, en cualquier etapa de su vida, a las señales o consejos de quienes lo acompañan en su cotidianidad. Porque todos estamos expuestos a la proclividad de la cerrazón, de ignorar las voces de aquellos que opinan distinto a nuestros proyectos.

En la vida de sociedad todos nos necesitamos y nadie debe quedar excluido de ser escuchado; sin embargo, el mal de este tiempo es creer que todo lo sabemos, que no requerimos del otro, por eso en el campo político, para dar un ejemplo del daño que se puede hacer al ignorar orientación, tenemos hoy funcionarios y gobernantes que lastiman al pueblo más necesitado.

Todos recordamos al expresidente Andrés Manuel López Obrador que en una de sus conferencias mañaneras mostró su cartera con el billete de 200 pesos y en otra, su estampa del Sagrado Corazón, el popular detente; argumentando que él no tenía más; sin embargo, ahora nos damos cuenta de los grandes beneficios que obtuvo en su administración y ahora, son ejemplo de bienestar, no para el pueblo, sino para su persona e hijos.

El derroche económico que, seducido por el poder, realizó en obras faraónicas como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la refinería Dos Bocas y el Tren Maya, que actualmente son el claro ejemplo de no desear escuchar la voz de los expertos e imponer su “sabiduría”. Cuánta soberbia para no dar oídos y beneficiarse estratosféricamente sus bolsillos.

Actualmente la presidenta Claudia Sheinbaum da señales claras de su desmedido deseo de controlar la política y nación con una sola visión, la de la 4T, en donde la uniformidad de pensar es dictada desde Palacio Nacional.

Las dádivas entregadas a la gente reflejan indirectamente la necesidad de sembrar dependencia en quien las recibe, ya que los discursos oficiales se fundan en la repetición insistente de comparar el gran beneficio que ningún gobierno anterior había alcanzado con la repartición de la riqueza en nuestro territorio.

Como bien cita el filósofo coreano Byung-Chul Han: “el poder maneja o guía la comunicación en una dirección determinada, suprimiendo la posible discrepancia que hay entre el soberano y el súbdito a la hora de seleccionar la acción”.

Por eso es de comprenderse la desesperada e insistente eliminación de las instituciones autónomas que custodiaban el ejercicio de la democracia en nuestro país; por eso la urgente aprobación de una reforma electoral o ahora del plan b, con el sofisma de lo que el pueblo pide.

Hace unos días una feligrés me expresó con tristeza su coraje al haber visto el video de la hija de un funcionario de Pemex, me externó su impotencia ante el derroche y la impunidad de la que gozan muchos empleados afines al sistema político actual. Dijo: “mientras ellos tienen dinero de sobra, yo apenas junto para el súper”. Qué desesperanza siembra el poder cuando es desvirtuado de su esencia, del real objetivo para servir y buscar el bien común.

En nuestro estado también han surgido cuestionamientos hacia el gobernador Joaquín Díaz Mena que lo involucran en adquisición de vastas extensiones de tierra en su reciente gestión y que son voces de alerta y oportunidad para ignorar o prestar oídos al sentir popular, para redireccionar la propuesta del Renacimiento Maya y así gestar verdaderos cambios en el orden social o seguir gobernando como si nada malo sucediera.

Absolutamente nadie está exento de la seducción del poder, ni los representantes de la misma Iglesia católica, que tristemente han pecado cuando, en nombre de Dios, han utilizado la fe para ejercer su dominio, para incluso manipular lo más sagrado de la persona e imponer lo humano como divino.

Por tanto, es de apremio el cuestionamiento pacífico para todos aquellos que adquirimos un cargo público, en donde la gente confiada a nuestra guía, pueda externar y ser escuchada en sus demandas de mejores condiciones de vida y estabilidad económica. Para así hacer de estas solicitudes, voces que calen el interior de cada presidente, político, ministro de culto o individuo que ostente un cargo que le otorgue la decisión de mandar.

Sacerdote católico

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