“A veces tienes que tomar un arma para bajar el arma”.— Malcolm X
Los Reyes, Michoacán, agosto de 2019, un sujeto identificado como un “halcón” fue detenido por elementos del Ejército, una decena, con equipo táctico, bien pertrechados; en minutos fueron rodeados por pobladores armados con palas, maderos y piedras. De los gritos y amenazas pasaron a los empujones. Los soldados terminaron agrupándose junto a un árbol, esperando órdenes superiores. Al final, liberaron al individuo para evitar una tragedia. A pesar de la prudente maniobra, los militares fueron despedidos con una lluvia de proyectiles, mientras se retiraban del poblado.
Un mes después en Apango, municipio de Acajete, Puebla, el Ejército custodiaba una bodega donde se resguardaban automóviles y mercancía robada, producto de asaltos, en espera de que autoridades judiciales complementaran las diligencias respectivas. Tres vehículos con unos veinte militares fueron rodeados por un centenar de personas que intentaron recuperarla. Lo que al inicio fue una agresión verbal, pronto escaló en ataques con piedras y palos. Cabe destacar que los elementos de la primera línea no portaban armas y resistieron estoicamente hasta que comenzaron a devolver piedras y palos; a pesar de que el mando advertía a la gente que se retirara, la turba envalentonada escaló la agresión, como respuesta, los militares efectuaron disparos para dispersar a la muchedumbre, lo cual se logró, desafortunadamente ante la falta de apoyo y de nuevo el acoso de la población, el convoy del ejército se retiró, para regresar después con un operativo más fuerte. La orden fue ejecutada, la Fiscalía de Puebla aseguró el almacén y detuvo a un hombre de 28 años.
En Coalcomán y Aguililla, en Tierra Caliente, Michoacán, en septiembre del 2021, civiles atacaron cuarteles lanzando piedras, objetos contundentes y hasta bombas caseras en las instalaciones del cuartel del 65 Batallón de Infantería, exigían la salida de las fuerzas federales de la zona. A pesar de lo intenso del ataque y el acoso, los militares no repelieron la agresión.
Más recientemente cuando la violencia llegó a Chiapas en Teopisca y Chicomuselo, se presentaron bloqueos y agresiones a los convoyes militares, impidiendo el paso, a pesar de la exigencia de darles seguridad y ocasionando el éxodo de pobladores de la región.
Uno de los efectos de la fallida estrategia del gobierno anterior, de los llamados “abrazos no balazos” fueron los numerosos incidentes en donde pobladores le perdieron el respeto, retaron, se enfrentaron y agredieron a las fuerzas militares, sin que hubiera respuesta, sobre todo en las regiones con marcada presencia del crimen organizado.
Sin entrar en el análisis de los lamentables sucesos de Ayotzinapa, las protestas relacionadas han avanzado en ataques directos, estrellando unidades y hasta lanzando bombas caseras en instalaciones en el Campo Militar 1-A en CDMX, la 35a. Zona Militar en Chilpancingo, Guerrero y el 27o. Batallón de Infantería en Iguala, Guerrero. Por fortuna, los militares no efectuaron un solo disparo.
A este tipo de situaciones, agréguense los cuestionamientos sobre emplear a las fuerzas armadas en actividades para lo cual no debieran estar contempladas: construcción de aeropuertos, carreteras, trenes y un considerable etcétera, incluso con algunos señalamientos de corruptelas.
Todo lo anterior, quiérase o no, provocó tremenda mella en la figura de nuestras fuerzas armadas.
Al día siguiente del operativo en que fue abatido Nemesio Oseguera, el general Ricardo Trevilla Trejo, secretario de la Defensa Nacional, dio detalles del operativo. En un momento de su discurso, donde se le quebró la voz, señaló: “Aprovecho primero para dar el pésame a las familias de nuestros compañeros que perdieron la vida… Y un reconocimiento a nuestro personal militar que realizó una operación exitosa… Se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión. ¿Y qué es lo que se demostró?: La fortaleza del Estado Mexicano, de eso no hay duda”. Y así fue, quedó claro, lo que nunca debemos de tener la menor duda: el Estado Mexicano es fuerte y tiene el poder constitucional que precisamente le da el uso de la fuerza.
Independientemente de lo que pueda ocurrir, sin duda, la presencia de las fuerzas armadas se revalora ante los ojos de los mexicanos. Hemos tenido durante la historia de México un ejército que si bien no ha escapado de actos de barbarie y represión, de lo cual no se discute, teníamos en términos generales un buen concepto, percepción que se había deteriorado. Vimos a un secretario de Defensa demostrando aplomo, dando certeza, confianza, haciendo sentirnos orgullosos de nuestro Ejército, de nuestra Armada, de nuestra Guardia Nacional. El hecho lamentable de los elementos abatidos ha despertado como pocas veces una profunda empatía y esperemos que así siga de ahora en adelante.
Desde que era un niño, mi padre de extracción militar, me inculcó admiración y respeto por las fuerzas armadas. Más de una vez me contó del esfuerzo, la disciplina, la honestidad, las privaciones y ese sentimiento de lealtad y amor a México. Crecí con esos conceptos, sobre todo cuando eran los héroes en situaciones de desastres, ahí estuvieron siempre. Lo ocurrido recientemente, en efecto, demostró la fuerza del Estado Mexicano y pienso con humildad que nos devolvió la imagen que todos los mexicanos hemos tenido de nuestras fuerzas armadas, de lo cual nos hemos sentido siempre orgullosos. Muchas gracias por eso al general Ricardo Trevilla Trejo.— Mérida, Yucatán
*Médico y escritor
