Después de muchos años de aplicarse en nuestro país el examen de ingreso a la educación media superior (Exani-I), las autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP) han decidido dejarlo de usar en sus subsistemas, aunque no será el caso de las instituciones universitarias autónomas que, por su normativa y capacidad de oferta, tendrán que seguirlo aplicando, cada una de acuerdo con su situación en cada entidad federativa.
Hagamos un poco de historia en las circunstancias de Yucatán. El crecimiento demográfico de nuestra entidad, a partir de finales de la década de los ochenta del siglo pasado, propició la creación de nuevas escuelas del nivel de secundaria en diferentes municipios. En breve, esta expansión se convirtió en una preocupación, en virtud de que la oferta de lugares disponibles para los aspirantes a ingresar en los planteles del nivel medio superior, mejor conocido como el bachillerato, ya resultaba insuficiente.
En los años noventa, para enfrentar y solucionar esta problemática, fue necesario poner en práctica una estrategia de ampliación de la oferta educativa de la educación media superior, con criterios de pertinencia, diversificación y descentralización, partiendo del principio de que la educación es un derecho y que, por sus características, es progresivo, continuo y permanente. Con esta directriz, El Comité Estatal de Planeación para la Educación Media Superior (Cepems), de ese entonces, se avocó a diseñar una política pública a seguir.
Se trataba de expandir el servicio del bachillerato en diversos municipios diferentes de Mérida, para que, a través de su funcionamiento, se incrementara la capacidad de absorción de estudiantes egresados de secundaria al siguiente nivel y con ello se redujera uno de los factores que propiciaban la brecha de desigualdad social y económica: la demanda educativa no atendida.
Con una política de planeación socialmente incluyente, se redujo la condición de desigualdad de oportunidades por escuela en ese nivel, apoyando a economías municipales de base esencialmente rural, redistribuyendo con ello los beneficios del crecimiento, traduciéndolo en infraestructura educativa, y logrando una suficiente capacidad de cobertura escolar.
Con este ciclo expansivo de la oferta educativa de ese nivel, que se inició en el curso escolar 1996- 1997, y que continuó en los siguientes años con la instalación de nuevos planteles en los subsistemas de DGTI y Colegio de Bachilleres, entre otros, se crearon varios miles de lugares, implementando una política pública que tenía el propósito de reorientar y diversificar la oferta educativa con criterios de equidad socioeconómica regional, a partir de detectar y atender las necesidades colectivas.
Al conocer con un año de anticipación las carencias de espacios y atendiendo de manera eficiente esa demanda, en 1996, año en que se inició esa estrategia de ampliación de la cobertura escolar, se logró que se ofrecieran en todo el estado, más de 15 mil lugares de nuevo ingreso en 67 planteles del nivel medio superior para solo 13 mil 500 demandantes. Para 1997, se incrementó la oferta a 76 planteles con un total de 15 mil lugares para 13 mil aspirantes. Para 1998, la oferta inicial se incrementó a 88 planteles con más de 17 mil sitios, para solo 15 mil demandantes, quedando suficientes lugares disponibles en cada ciclo escolar.
Adicional a lo anterior, en esos tiempos, que no había sistemas educativos que ofrecieran sus programas a distancia través de plataformas, se amplió el servicio de Preparatoria Abierta, con el incremento de sedes de aplicación, con lo que se incorporó a un segmento de la demanda que requería de las características de ese servicio. Por lo tanto la demanda global por educación media superior, tenía suficiente cobertura en Yucatán.
A la sazón se arribó al siglo XXI con efectos positivos por resultados tales, que durante los siguientes años, las cifras arrojaron que quedaban espacios libres para quienes habiendo intentado su ingreso en planteles de Mérida, sin lograrlo, pudieran acudir a municipios cercanos a sus poblaciones de origen a ocupar esos lugares disponibles.
No obstante lo anterior, permanecía una percepción de que existía una demanda escolar no atendida en ese nivel. Entonces fue cuando entendimos un fenómeno sociocultural. Resulta que la existencia de una tendencia en la demanda educativa inicial en el nivel medio superior por ocupar espacios, está direccionada, de manera amplia e inercial, hacia los planteles ubicados en la ciudad de Mérida, y de manera particular, a las escuelas preparatorias de la Universidad Autónoma de Yucatán (Uady), en virtud de que en la capital del estado se ha dado un proceso de alta concentración de los servicios, entre ellos los educativos, además de que a dichos planteles se les considera el antecedente integrado a las Facultades de la Uady, institución pública con mayor tradición del nivel superior de nuestra entidad.
Entonces esa presumible demanda insatisfecha está determinada por factores socioculturales que alientan la tendencia a concentrar la demanda de manera geográfica.
Esta alta concentración de la demanda educativa inicial en la ciudad de Mérida, no ha permitido observar que toda la oferta educativa disponible del nivel medio superior, es mayor que la demanda, por tanto, existen sitios disponibles en planteles del interior del estado, que, sin embargo, no se consideran como la primera opción de los demandantes. La saturada y difundida primera opción, es lo que permea en la impresión de que existe un déficit generalizado de lugares.
A esta presión por espacios escolares, la Uady, dentro de sus posibilidades, respondió con la creación de la Unidad Académica de Bachillerato con Interacción Comunitaria (Uabic), que atiende las necesidades de cobertura en una región de Mérida, como es el sur, que estaba históricamente desatendida.
Actualmente, las estadísticas señalan que en Yucatán, existe una demanda potencial representada por algo más de 30 mil estudiantes que egresarán de secundaria, y que se tiene una oferta real de media superior que supera los 40 mil lugares. Es decir, hay cobertura suficiente.
Ante la desaparición del Exani-I, a partir del próximo ciclo escolar, se prevé que los diversos subsistemas oficiales podrán atender la demanda con los instrumentos públicos con que cuenta la Secretaría de Educación, para distribuir, en la geografía del estado, la presión por lugares en las escuelas.
Esta ventaja no la tiene el sistema preparatoriano universitario, por sus límites presupuestarios y en infraestructura. No obstante, la Uady mantiene un proceso de evaluación para el diagnóstico previo al ingreso con el fin de determinar la prelación y ubicar los lugares en la modalidad presencial escolarizada, además de ofrecer sitios en su vertiente de bachillerato en línea. La respuesta de las preparatorias universitarias es positiva, seguirán contribuyendo a la atención a la demanda por espacios escolares.— Mérida, Yucatán
*Doctor en Economía
