Edgardo Arredondo Gómez (*)

“Por haber hecho esto, maldita seas entre todas las bestias… Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás” —Génesis 3:14.

No fueron muchos, recuerdo en cuarenta años como médico, tal vez unos cinco casos, pero porque ha sido el más aparatoso y de hecho mortal, tengo más presente el primero de todos. Me encontraba en el internado de pregrado en el Hospital O’Horán, el antiguo, una llamada había alertado al personal de Urgencias, desde Tekax, en calidad de prioritario, era traído un paciente mordido por una víbora de cascabel. La víctima, un campesino, de alrededor de 40 años, estaba haciendo su faena habitual en el monte cuando fue atacado. Los colmillos del ofidio, literal, atravesaron su alpargata y le infirieron tremenda mordida en el dorso del pie derecho. Machete en mano se reviró y de un certero tajo dio muerte al agresor. Identificó al reptil en cuestión, tomó su paliacate y se hizo un torniquete. Se alejó tratando de regresar al sitio en donde había dejado su bicicleta, tardó 15 minutos en localizarla, pero el dolor era tan intenso que le fue imposible manejarla. Con tremenda dificultad caminó los cerca de dos kilómetros hasta llegar a la carretera. Había anochecido cuando un buen samaritano lo recogió y lo llevó a la clínica de Tzucacab, de ahí a la de Tekax, donde le quitaron el torniquete. Habían transcurrido cerca de 16 horas cuando lo recibimos. Al pasarlo de la camilla a la cama, un enjambre de médicos lo rodeó; el hombre se veía pálido, sudaba profusamente, deliraba…, la extremidad inferior derecha con uno de los edemas más grotescos que recuerde: desde el pie hasta la ingle, tenía el doble del volumen, el muslo me recordaba a un enorme trompo, de la marca del torniquete hacia abajo la extremidad lucía cianótica, por los orificios de la mordedura salía un exudado sanguinolento. Fue imposible canalizarlo, cualquier sitio que recibía el embate de las agujas comenzaba a sangrar, pocos minutos después entró en paro; recuerdo que hasta los intentos por entubarlo fracasaron, el hombre sangraba por todos lados. Falleció apenas una hora de haber llegado.

¿Qué es lo que hace mortal la mordedura de una cascabel? Esta variedad de reptil, cuyo nombre científico es “Crotalus tzabcan” (esta última palabra proviene de los vocablos mayas tsaab que significa cascabel y kaan: serpiente) tiene un veneno que es letal por contener, sobre todo, la variedad de nuestra región, una gran cantidad de enzimas llamadas metaloproteinasas, que rompen los vasos sanguíneos con la consiguiente hemorragia interna, además de producir necrosis de los tejidos en la zona de la mordedura. La alteración en la sangre es una coagulopatía de consumo: primero ocasiona microtrombos que dañan órganos vitales y después los factores de coagulación, especialmente el fibrinógeno, se agotan de inmediato y esto con una drástica caída de las plaquetas hace imposible la coagulación con la falla orgánica múltiple y la muerte.

Hay que considerar otros factores: El tamaño de la cascabel, a mayor tamaño, más cantidad de veneno. Algunas mordidas pueden ser secas, en el sentido que el animal pudo haber atacado antes una presa. A considerar también el volumen de la víctima: un niño o una mascota tienen más probabilidad de un desenlace fatal. El sitio de la mordedura cuenta: son más peligrosas las situadas en el torso, por la mayor difusión del veneno a la circulación o, las del cuello y la cara por el edema que puede cerrar las vías respiratorias. Igualmente a considerar el estado de salud previo: pacientes seniles o debilitados por alguna enfermedad son más vulnerables. Otros factores para tomar en cuenta: correr o entrar en pánico aceleran el ritmo cardíaco y facilitan la difusión del veneno.

Las medidas inmediatas incluyen mantener la calma (una hazaña), alejarse del ofidio, no intentar atraparlo. Muy importante es no emplear torniquetes, ni hacer cortes para succionar el veneno. La víctima debe ser trasladada de inmediato para recibir atención. Las primeras seis horas son críticas. El tratamiento es estrictamente hospitalario con medidas generales de estabilización, manejo del choque y por supuesto la aplicación de suero antiviperino.

Además de la cascabel o tzabi, las otras tres variedades más frecuentes cuya mordedura es peligrosa son la nauyaca (cuatro narices) o yaxché, el cantil yucateco o huolpoch y la coralillo o kalam. Hay tres características que son constantes en las víboras o serpientes venenosas: Las escamas son alargadas, puntiagudas, una sensación áspera al tacto; la cabeza es triangular, bien separada del cuerpo (a excepción de las serpientes coral); los ojos de las víboras tienen una pupila hendida verticalmente. Las venenosas suelen ser más lentas y de hábitos nocturnos.

La prevención ante todo. Si se va a salir de excursión en zonas de riesgo emplear botas o calzado grueso, un botiquín de primeros auxilios, de ser posible, que incluya suero antiviperino si se está en zonas muy apartadas. Por cierto, está al alcance y disponible hasta en farmacias; se trata del Antivipmyn un suero polivalente, lo que significa que es efectivo contra el veneno de diversas especies de víboras como las ya mencionadas cascabel, cuatro narices y huolpoch; sin embargo, si el agresor fue una coralillo para esto es ineficaz y en este caso también está disponible en el mercado el Coralmyn. La administración de estos antídotos de aplicación intravenosa es sumamente delicada y preferentemente debe hacerse en medio hospitalario. Si la serpiente entra a una habitación, una buena medida es cubrirla con una sábana o cobertor; en términos generales los reptiles se quedan quietos ya que dependen mucho de los estímulos visuales, en lo que se busca ayuda especializada. Por supuesto que hay que evitar matarlas.

Recientemente se ha reportado un aumento inusual de ataques de serpientes en Yucatán. Tampoco es extraño en esta época un mayor avistamiento tanto de serpientes venenosas como las culebras que no lo son sobre todo la boa u och-kaan. Estos reptiles se desplazan en busca de alimento y agua.

Reconfortante es ver que no ha habido ningún caso mortal, que los pacientes han sobrevivido, incluso el más reciente con espectacular traslado en helicóptero y atendidos en forma más que eficiente en hospitales públicos de nuestro estado: ¡palomita!… ¡La tacha!: para reflexionar, aunque el tema incomode, la gentrificación, la deforestación, la mala planeación en la urbanización está acabando con el hábitat de muchas especies y mejor ya no mencionemos otros factores más.— Mérida, Yucatán

Médico y escritor

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