Entre indignación, tristeza, ante todo, anhelo de justicia en nuestro país por todo lo que ha estado ocurriendo en México de un tiempo a la fecha, nos preguntamos ¿hasta cuándo? Sí, hasta cuándo tenemos que seguir esperando para recuperar la tranquilidad, que en momentos sentimos muy lejana.
Sentimientos encontrados invaden nuestro ser al ver un México, nuestro amado México, con una violencia desbordada que se ha ido multiplicando peligrosamente.
Los mexicanos no olvidamos que la política implementada desde el sexenio anterior, en cuestión de seguridad, ha resultado un verdadero fracaso. Y eso se veía venir desde el momento en que quien llegó al poder se alió con criminales.
Ambas partes, gobernante y mafiosos, deben haber hecho un pacto. El gobierno —con tal de ganar elecciones— les permitió actuar en el negocio repudiable de las drogas. Negocios que se fueron extendiendo y multiplicaron sus ganancias.
¿Qué hizo el gobierno de López Obrador para proteger al país y sus instituciones? Nada. ¿Qué ha hecho la presidente Sheinbaum? Seguir con el desmantelamiento de instituciones tal y como estaba orquestado por su antecesor.
Hay muchos delitos que perseguir, pero casualmente las carpetas de investigación son para los opositores. La persecución es para los que estuvieron antes, no los que llegaron con el propósito mezquino de destruir a México.
Si estamos como estamos, no es por los que se fueron, sino por los que llegaron con una ambición desmedida de enriquecimiento al costo que sea. Han utilizado el poder como herramienta para destruir. En ningún momento se ha asomado en ellos el espíritu de la generosidad, de la empatía, mucho menos, el amor a México, nuestra Patria.
Todos ellos, pertenecientes al partido en el poder, olvidaron o quizás nunca tuvieron en la mente, hacer de México la gran nación que merece ser. Solo se les ha ido en mirar al pasado y criticar lo que hicieron o no hicieron los anteriores a ellos.
A pesar de todo lo malo que se pudo haber hecho en el pasado, ninguno se atrevió a desmantelar lo más valioso en un país: sus instituciones, y menos aún, a poner en riesgo a todos los mexicanos ante el acecho de la criminalidad.
No trato de justificar ni señalar a nadie, los hechos los ubican; ellos solitos mostraron lo que son, unos al llegar y otros cuando dejaron al partido en el que militaron y se formaron, para irse a Morena. Creen que nos engañan a los ciudadanos; los ilusos son ellos. Se fueron porque así convenía a sus intereses tanto políticos como personales, los cuales tenían que proteger. Olvidaron que la persona vale por su comportamiento como ser humano, no por un cargo.
Quienes dejaron a su partido, qué bueno que lo hicieron, porque de esa manera nos mostraron su verdadera humanidad. Dejaron muy en claro que no son confiables, que nunca lo fueron por lo tanto su reputación y dignidad quedó al descubierto.
Lo sucedido en Chihuahua donde fue descubierto el laboratorio más grande hasta el momento, nos lleva a la preocupación. ¿Cuánto tiempo tendría operando ese narcolaboratorio?
Se pretende culpar de todo a la gobernadora de Chihuahua por no haber avisado de la presencia de personal de la CIA en territorio mexicano. ¿De verdad la señora Sheinbaum no lo sabía? ¿ni el ejército? ¿ni el alto mando de la seguridad en el país?
O son muy mentirosos o de plano nos quieren ver la cara.
Al hablar de soberanía —palabra favorita de la presidente para hacernos creer que defiende al país de intromisiones— olvida que la SOBERANÍA debe cuidarse desde dentro; en cada espacio del territorio nacional, no con palabras ante un micrófono en mañaneras que ya nadie cree.
Estados Unidos es vecino, aliado nuestro porque se ve amenazado por lo que está ocurriendo en México. Se entiende la preocupación por ambas partes. Lo descubierto en una zona de Chihuahua no es cualquier cosa; es para encender las señales de alarma.
Y si pretenden encontrar culpables, dirijan la mirada a Palenque. Quien ahí habita fue quien permitió que creciera el gran negocio de las drogas, extorsiones y otros delitos que tanto daño están causando. Asuman su responsabilidad y dejen de culpar a Calderón y al pasado.
Actúen con dignidad —si aún les queda un poco— no sean hipócritas o pretendan justificar lo injustificable.
Acepten que llegaron al poder, por sus alianzas mafiosas con criminales que se han ido adueñando de buena parte del territorio; por eso no les importa si mueren funcionarios responsables, honestos, miembros de nuestras Fuerzas Armadas que luchan por erradicar el mal de las calles y escuelas.
Dios proteja a nuestros pueblos, a todos los valientes que exponen su vida, sean de México o de Estados Unidos. Nuestra solidaridad con cada familia que enfrenta el dolor ante la pérdida de un ser querido. Hoy, nos necesitamos unidos en el esfuerzo por una causa noble y justa: recuperar a México.
Periodista
