Editorial

Nunca, que recuerde, se había vivido una situación de incertidumbre, de desconfianza, de humillación como la que estamos padeciendo en estos momentos por tantos problemas ocasionados por la violencia.

Desaparición de personas, familias enteras huyendo de su terruño para buscar refugio en otro lugar. Niños creciendo con miedo en lugar de vivir su infancia como debería ser, con tranquilidad, preparándose para un mañana mejor.

¿Qué nos pasó a todos? ¿Qué futuro se está visualizando para nuestros niños? ¿Quién se preocupa por ellos?

Quienes tuvimos la dicha de gozar de una infancia feliz nos damos cuenta lo afortunados que fuimos. Lo fuimos porque tuvimos la oportunidad de vivir las diferentes etapas de la vida conociendo y descubriendo cada una de ellas.

La vida nunca ha sido fácil, sin embargo, en los hogares por humilde que fuera había un plato de comida en la mesa, niños corriendo y jugando con alegría, sin importar que no se tuvieran juguetes nuevos, menos aún, costosos.

Eran juguetes que quizás otros niños tuvieron en sus manos con anterioridad y fueron a dar a las manos de otros pequeños, de alguna manera.

El entorno familiar fue muy importante; la gente de campo trabajaba la tierra, la cuidaba y se esmeraba para ver su esfuerzo cristalizado con buena cosecha. Piel curtida por el sol de nuestra gente noble que salía a trabajar y a poner todo su esfuerzo en lo que hacía.

No eran tareas sencillas —nunca lo fueron— pero era su trabajo, el que se convertía en su sustento y el de su familia.

Los niños de familias campesinas crecieron viendo el ejemplo de sus padres, el del amor a la tierra y al trabajo realizado por gente buena, honesta, que deseaba lo mejor para sus hijos.

Duele ver a tanta gente noble desplazada de sus hogares; gente que huye de individuos sin escrúpulos, gente malvada que llega a los pueblos para arrebatarles su patrimonio.

Un legado que el esfuerzo y la dedicación de muchos hombres ha construido para su familia.

La desesperación ha llegado a los pueblos, a miles de familia que han estado padeciendo el horror de la violencia sin que ninguna autoridad haya sido capaz de detener a los responsables de ella.

La criminalidad fue creciendo y adueñándose de espacios porque se permitió. ¿Acaso las autoridades, un gobierno no se daba cuenta de lo que sucedía en parte del territorio?

Nada justifica la falta de previsión de las autoridades correspondientes para poner orden en cada lugar al que la violencia empezaba a surgir. Nada justifica el no haber actuado a tiempo y menos aún, el haberse aliado a quienes han dañado a México.

No se entiende una violencia desbordada sin la complicidad de gobernantes y autoridades.

Imperdonable el que a buena parte de la niñez mexicana se le haya expuesto a vivir en sobresalto, a sentir el miedo aterrador que provoca el escuchar balazos. Peor aún, que a muchos pequeños se les entrenara para el combate y obligara a “trabajar” para gente mala que los reclutaba.

Sí, no podemos ni debemos olvidar a quienes protegieron a las mafias, a los cárteles; a esos individuos que por su ambición de poder y dinero han convertido a México en un país donde no se respeta la Constitución ni se aplica la ley a los delincuentes.

Sería inaceptable que recurriéramos al olvido para proteger a gobernantes y funcionarios que han sido cómplices de lo que está sucediendo en nuestro país. Lo más preocupante es que a muchísimos menores les han robado su niñez al secuestrarlos y obligarlos a trabajar para las mafias.

Todo trae consecuencias. El haber aceptado recursos del narco para ser utilizado en las campañas, ha puesto en riesgo a todos. Tarde o temprano llegarán los arrepentimientos o quizás no, pero las alianzas que fabricaron, esas serán difíciles de romper sin consecuencias.

Nadie puede ocultarse para siempre ni borrar de un plumazo el daño que se le ha causado a nuestro México. Daño que ha llegado a buena parte del territorio, a sus instituciones, a las familias, a los niños que viven aterrados, otros más, huérfanos y sin hogar.

Les robaron no solo su infancia sino también, su derecho a construir y a disfrutar un futuro libre de violencia.

Periodista

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