Fernando Ojeda Llanes (*)
Existen personas cuya presencia trasciende el tiempo, las profesiones y las fronteras; hombres que, más allá de sus logros materiales o académicos, dejan una profunda huella en la vida de quienes tuvieron el privilegio de conocerlos. Así fue mi querido amigo John Rhoads: americano de nacimiento, pero yucateco por convicción y por amor a esta tierra que terminó adoptándolo como uno de los suyos.
John recorrió innumerables países a lo largo de su vida profesional, conoció culturas, sistemas financieros y grandes instituciones del mundo; sin embargo, el destino quiso que encontrara en Yucatán un hogar espiritual y humano. Hoy, después de haber concluido su camino terrenal, recorre el cielo dejando entre nosotros el recuerdo imborrable de un hombre excepcional.
Tuve la enorme fortuna de conocer a John hace muchos años en Ciudad de México, cuando me correspondió presidir el Grupo Yucatán del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF), ambos formábamos parte de la Comisión de Economía y Finanzas, integrada por destacadas figuras del ámbito financiero nacional.
En aquellas reuniones, donde participaban importantes personalidades de las finanzas y de la economía mexicana, John destacaba naturalmente por la profundidad de sus conocimientos, por la claridad de su pensamiento y por su extraordinaria visión internacional.
Debates
Escucharlo era asistir a una verdadera cátedra, sus aportaciones no solamente enriquecían los debates y fortalecían al IMEF, sino que además abrían nuevos horizontes intelectuales para quienes lo rodeábamos. Poseía una cultura financiera impresionante, pero acompañada siempre de una sencillez poco común, nunca utilizó su conocimiento para imponerse; por el contrario, lo compartía con humildad y generosidad.
John fue además un pionero de las finanzas modernas en México, fue quien constituyó la primera casa de bolsa de nuestro país y publicó un importante libro sobre la creación de un mercado bursátil dirigido a empresas medianas mexicanas, tema que aún hoy conserva plena vigencia ante la necesidad de fortalecer el crecimiento empresarial nacional, su visión económica siempre fue adelantada a su tiempo, entendiendo que el desarrollo financiero debía ir acompañado de oportunidades reales para las empresas y para las personas.
Pero reducir a John únicamente a su brillante trayectoria financiera sería insuficiente; quienes lo conocimos sabemos que su grandeza humana superaba incluso su enorme capacidad intelectual, era un auténtico caballero: educado, respetuoso, amable y profundamente humano, tenía la rara virtud de hacer sentir importantes a quienes conversaban con él, ya fuera un destacado empresario, un académico o cualquier persona que se acercara a escucharlo.
Idiomas
Dominaba varios idiomas y hablaba el español con admirable precisión y naturalidad; su amor por México era auténtico y profundo; tuve también el honor de traerlo a Mérida para impartir diversas conferencias que resultaron todo un éxito por la claridad de sus ideas y por la sencillez con la que transmitía conocimientos complejos. Muy pronto, John quedó cautivado por Yucatán, por su cultura, sus tradiciones, su historia y la nobleza de su gente.
Ese amor por nuestra tierra fue tan sincero que decidió establecerse en Mérida junto con su querida familia, aquí encontró no solamente un lugar para vivir, sino un espacio para desarrollar plenamente su pasión cultural e intelectual. Una de sus grandes aficiones fue coleccionar fichas de antiguas haciendas henequeneras, recorriéndolas personalmente, llegó a reunir una de las colecciones más extensas y valiosas sobre este importante legado histórico y profundizando en la cultura colonial.
Biblioteca
Sin embargo, otra de las facetas más admirables de John fue su amor inagotable por el estudio, poseía una biblioteca extraordinaria y verdaderamente impresionante, integrada por obras financieras, económicas, científicas, históricas, culturales y humanísticas de muy diversos temas y autores, no era una biblioteca decorativa ni una colección adquirida únicamente por prestigio intelectual, John estudiaba cada libro con verdadera pasión, investigaba, analizaba, tomaba notas y convertía la lectura en una permanente fuente de aprendizaje.
Su curiosidad intelectual parecía no tener límites, lo mismo podía conversar con profundidad sobre economía internacional, mercados financieros y finanzas corporativas, sobre historia universal, ciencia, filosofía o cultura yucateca, nunca dejó de aprender, hasta los últimos años de su vida mantuvo intacta esa disciplina intelectual admirable que lo llevaba diariamente a estudiar y a compartir generosamente sus conocimientos con los demás.
Familia
John compartió su vida con su entrañable esposa María Elena y con sus queridos hijos Nicolás y Sandra, formando una familia ejemplar, unida por el cariño, la educación y los valores humanos. Quienes tuvimos la dicha de frecuentarlo recordamos con especial afecto las tradicionales cenas del Día de Acción de Gracias que organizaba anualmente en Mérida, aquellas reuniones se convirtieron en verdaderos encuentros de amistad y fraternidad, donde John lograba unir elegantemente las tradiciones americanas con la calidez yucateca.
En lo personal, muchas de sus enseñanzas dejaron una profunda huella en mi vida profesional y humana, aprendí de él no solamente conceptos financieros y económicos, sino lecciones mucho más valiosas sobre la ética, la disciplina, la cultura del estudio y el respeto hacia los demás. Son innumerables las anécdotas que guardo de nuestra amistad: reuniones financieras, conversaciones culturales, reflexiones sobre la vida y momentos de convivencia llenos de afecto sincero. Pero quizá lo más importante que John dejó entre nosotros fue el ejemplo de una vida vivida con inteligencia, generosidad y honor.
Sirvan estas líneas como un humilde pero merecido homenaje a este hombre extraordinario que, siendo de nacionalidad americana, entregó gran parte de su vida, su talento y corazón a México y particularmente a Yucatán, su legado permanecerá vivo en sus enseñanzas, en su ejemplo y en el cariño de quienes tuvimos el privilegio de tenerlo como amigo.—Mérida, Yucatán
Doctor en investigación científica. Formador de Gobierno Corporativo
