En la política, como en la historia antigua, existen nudos que parecen imposibles de desatar. Cuenta la leyenda que en Frigia (región de Anatolia, en la actual Turquía) existía un carro atado a un poste con un nudo de corteza de cerezo tan intrincado que nadie lograba deshacerlo. La profecía era tajante: quien lo lograra, se convertiría en el señor de toda Asia. En el año 333 a.C., Alejandro Magno llegó al lugar y, tras notar que sus dedos eran inútiles ante tal enredo, desenfundó su espada y cortó el nudo de un solo tajo. Con esa acción audaz, cumplió la profecía y conquistó el mundo conocido, demostrando que los grandes dilemas se resuelven con inteligencia y determinación, no con lamentos ni berrinches.

Pero aquí, en la “tierra del faisán y del venado”, la épica se ha convertido en comedia. El gobernador Joaquín Díaz Mena se enfrenta hoy a su propio nudo gordiano, uno que él mismo ayudó a tejer con hilos de soberbia e impericia política.

Recordemos los antecedentes: el pasado 15 de diciembre de 2024, en una sesión que pasará a la historia por lo ríspida y vergonzosa, el Congreso del Estado aprobó el paquete fiscal para 2025 por la friolera de 64,750 millones de pesos. Sin embargo, en esa misma jornada, el Ejecutivo sufrió un revés monumental al intentar colar un crédito adicional por 1,530 millones de pesos para sus proyectos estrella.

A pesar de tener a 17 diputados de su lado, a Morena no le alcanzaron los números. La ley es clara: para contratar deuda se requiere mayoría calificada, es decir, 24 votos. El oficialismo se quedó corto con 20, chocando de frente con la pared de 12 diputados del PAN que se mantuvieron firmes. ¿Y cómo no estarlo? La estrategia de “negociación” de Morena fue, por decir lo menos, primitiva: llevaron grupos de choque a las galeras para intimidar a los legisladores de oposición con gritos de “traidores” y “enemigos del pueblo”. En lugar de política de altura, hubo ofensas; en lugar de acuerdos, hubo heridas que hasta hoy supuran y paralizan el diálogo.

Hoy, ese pasado lo persigue. En su reciente visita, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó una frase que debería ser motivo de celebración: “Vamos a apoyar a Huacho para que Mérida tenga agua”. Pero el diablo está en los detalles. El ambicioso Plan Renacimiento Maya requiere una contrapartida estatal de 1,500 millones de pesos. Dinero que el Estado no tiene y que, irremediablemente, obliga a Huacho a volver al Congreso a pedir permiso para endeudarse.

Aquí es donde el nudo se aprieta. ¿Cómo convencer a una oposición a la que mandaste a insultar? A esto se suma la desconfianza legítima de la bancada panista sobre el manejo del dinero en manos de Francisco “Panchito” Torres en la Japay. Con sus antecedentes negativos y el riesgo latente de que ese préstamo se convierta en el “cochinito” para financiar la campaña de Morena en Mérida para 2027, el panorama se ve sombrío.

Díaz Mena ha logrado la hazaña de estar en el peor de los mundos: tiene el “sí” de la Presidenta y los planos del proyecto bajo el brazo, pero no tiene un centavo porque mandó a su gente a escupir a quienes tienen la llave de la caja. Resulta que para ser Alejandro Magno se necesita genio, y para negociar con la oposición se necesita clase. Como aquí sobraron gritos y faltó materia gris, el agua para Mérida seguirá siendo un espejismo mientras el presupuesto duerme el sueño de los justos.

¿Será que el “bienestar” solo llega si hay deuda, o es que la capacidad política se les terminó el día de la elección?

Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán

Profesor

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