“Ya supérenlo”, nos dicen los propagandistas del gobierno de Claudia Sheinbaum. Ya superen a López Obrador, dicen. Es sólo un hombre, argumentan. Y de ahí pasan a insistir en que el problema de la narcopolítica viene desde hace décadas.
México siempre ha convivido con gobernadores corruptos, policías comprados, militares coludidos y fiscales obedientes, por lo que deberíamos de dejar de frotarnos las manos ante las nuevas revelaciones. Y nos preguntan: ¿Por qué tanta obsesión con Andrés Manuel? ¿Por qué tanto entusiasmo ahora que Estados Unidos exhibe los nexos entre Rubén Rocha, Enrique Inzunza y la maquinaria política sinaloense?
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