Era cuestión de tiempo. La corrupción que la 4T prometió barrer terminó instalándose en el árbitro electoral. Licitaciones amañadas, patrimonialismo, discrecionalidad, conflictos de interés, tráfico de influencias, contratos simulados. El catálogo de prácticas que Morena ha normalizado ahora salpica al INE. Un golpe demoledor a una institución cuya credibilidad ya estaba mermada.
Denise Dresser
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