Denise Dresser (*)
Marchar por las calles con las madres buscadoras es caminar dentro de una llaga abierta. No hay consigna que alcance, ni cifra que explique, ni política pública que consuele. Hay, en cambio, una cartografía del dolor que se despliega en cada paso: camisetas con rostros detenidos en el tiempo, pancartas que cuentan historias truncas, nombres que se repiten como dagas.
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