Sentada en el cine, detrás de una pareja, veía una película que se había vuelto imposible de salvar. Una trama enredada. Un guión sin rumbo. Personajes atrapados en sus propios errores. De pronto, escuché a la mujer susurrarle algo al marido: “Esto ya no se compuso”. Ambos se levantaron y salieron de la sala. Ahora pienso en esa escena al observar el rumbo económico de México.
Repetidamente se nos dijo que Claudia Sheinbaum sería distinta. Más técnica que ideológica. Más racional que dogmática. Menos inclinada a las obsesiones de su antecesor. Pero cada semana ofrece evidencia de lo contrario.
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