Momento en que las cenizas son depositadas en el arrecife artificial frente a las costas de Telchac Puerto, donde estarán resguardadas

La mañana comienza en la playa. El mar está frente a las familias que llegaron para despedir, una vez más, a quienes aman y ya no están.

Hay fotografías, palabras de recuerdo y un video. Hay abrazos y silencios. También hay pequeños frascos que más tarde guardarán arena y agua como recuerdo de un día que, para estas familias, no será uno más. Después vendrá el mar.

Un santuario para la memoria

El sábado 12, cinco perlas con las cenizas de personas fallecidas fueron depositadas en Maré, santuario del mar de Capillas Señoriales, en Telchac Puerto. Cada una viajó hasta un arrecife artificial donde permanecerá resguardada mientras alrededor de ella comienza a crecer un ecosistema.

La escena tiene algo de despedida y de comienzo, como bien dice Andrés Aguilar Heck, CEO de Capillas Señoriales. “Son seres queridos que estarán reposando en Maré, nuestro santuario del mar de Yucatán”.

La idea de Maré, relata Aguilar Heck, nació de una relación que en Yucatán parece casi natural: la de las personas con el mar. “Surge de la idea de crear una conexión con algo que todos tenemos, sobre todo acá en Yucatán, en Cancún, en Campeche, una conexión con el mar”.

Las perlas que guardan las cenizas

El acto no se trata de arrojar las cenizas al agua. Antes, mucho antes, las familias participan primero en la elaboración de una pequeña esfera a la que llaman perla. En ella se mezclan las cenizas con cemento blanco y pueden incorporarse elementos relacionados con la persona fallecida: algo que le gustaba, un objeto o un detalle que permita reconocerlo.

“Las perlas son únicas, así como los seres humanos lo somos”, señala Aguilar Heck.

Después, la perla queda dentro de un Reef Ball, una estructura de concreto especialmente diseñada para permanecer en el fondo marino y favorecer el desarrollo de organismos, es decir, un arrecife artificial.

“El arrecife artificial es, como si lo comparáramos con algo en tierra, es como si dijéramos una maceta abonada, pero en vez de ser para sembrar plantas, vamos a sembrar corales, algas, esponjas”, explica Javier Dájer Cross, representante de la Fundación Reef Ball en México.

El arrecife, dice, comienza a generar vida desde que es colocado en el mar. Con el tiempo llegan peces, algas y otros organismos. La estructura, diseñada para resistir durante cientos de años, se convierte poco a poco en parte de un ecosistema. Y allí, en el interior, queda la perla.

El recuerdo de Darío

Para Teresa García Herrera, originaria de Toluca, pero residente en Yucatán desde hace algunos años, el mar tiene ahora un significado distinto. Su hermano Darío murió hace 23 años y desde el sábado sus restos descansan en el santuario marino.

Una amiga les habló de Maré. La propuesta le llamó la atención porque Darío había sido una persona cercana a la naturaleza y acostumbrada a ayudar a los demás.

“Era una persona muy dada, muy desprendida, amante de la naturaleza, entonces, vimos que era una excelente opción para que sus restos pudieran descansar en un lugar diferente”, cuenta Teresa.

Pero, además, había otra razón. Regresar a Toluca para visitar el lugar donde descansaban sus restos no era sencillo. Tener sus cenizas en Yucatán les permitía mantenerlo cerca y, al mismo tiempo, darle un nuevo destino.

“Entonces, decidimos sacarlo de donde estaba y traernos sus cenizas para poderlo tener acá en un lugar más bonito, que tuviera pues también una segunda función, por así decirlo, aportar un poquito a la naturaleza”.

La elaboración de la perla se convirtió en parte de la despedida, sobre todo porque mientras la preparaban llegaron los recuerdos.

“Esto fue como más íntimo, yo lo describo así como más íntimo, de poder estar recordando sus momentos más emotivos, más lindos que él tuvo con nosotros en vida y todo lo que nos dejó cuando trascendió, entonces fue recordar, volver a vivir cosas lindas y estar elaborando la perla. Fue una experiencia muy, muy emotiva, muy enriquecedora también”.

El viaje hacia el santuario

La ceremonia de este sábado no termina cuando las embarcaciones regresan a la costa. Las familias reciben pequeños objetos que les permiten conservar algo del momento. En un frasco colocan arena de la playa y, posteriormente, agua del lugar donde es depositada la perla. Son recuerdos pequeños para una ausencia enorme.

El trayecto hasta el santuario toma alrededor de 20 o 30 minutos. El sitio autorizado se encuentra a unos tres kilómetros de la línea de playa y aproximadamente a cinco metros de profundidad, señala Dájer Cross.

Los arrecifes son colocados previamente. Las perlas llegan después, una por una, y quedan en el interior de las estructuras. Cada Reef Ball pesa alrededor de 120 o 130 kilos y las perlas aproximadamente entre siete y ocho kilos.

La inmersión es realizada por personal capacitado, mientras los familiares pueden acompañar el procedimiento desde las embarcaciones.

Y así, mientras la familia se despide, en el fondo del mar comienza otra historia.

“Al final, desde el día uno, de repente ya llega un pescadito a vivir ahí, a los tres meses ya mira uno algunas alguitas y algunos bebés arrecifes y al año o tres años o cinco años ya es un ecosistema precioso y nuestros familiares ahí van a estar ayudando a este ecosistema increíble”, señala Aguilar Heck.

Una despedida que también crea vida

La propuesta parte también de una preocupación ambiental. Los arrecifes son refugio y zona de reproducción para numerosas especies marinas y su deterioro representa una amenaza para los ecosistemas del océano.

Por eso, para quienes impulsan Maré, la despedida tiene un segundo significado: contribuir a crear vida. “Maré, el santuario del mar es una vida que da vida”.

La intención es que el santuario también pueda ser observado a distancia, mientras biólogos documentan cómo las especies van llegando y cómo evoluciona el ecosistema.

Y aunque la ausencia seguirá siendo ausencia para estas familias, allá abajo, entre las corrientes y la vida marina, quedará una pequeña perla y, con ella, la memoria de alguien que alguna vez estuvo aquí amando el mar.

Capillas Señoriales se encuentra en la calle 60 entre 35 y 33-A del Centro. Para más informes se puede consultar la página www.senoriales.com.

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene 22 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad. Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.