Denise Dresser (*)
México no tiene un sistema de salud: tiene un rompecabezas roto. Fragmentado, desigual, diseñado en función del empleo y no de las personas. Durante décadas, eso produjo ciudadanos de primera —los del IMSS o Pemex— y de segunda —los del Seguro Popular—. Inequidad institucionalizada. Ineficiencia tolerada.
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