“No me digas cabrón, porque me duermo”. Esa peregrina advertencia le hizo un tipo a otro. Preguntó el otro: “¿Cómo está eso?”. Explicó el tipo: “Cuando era niño de brazos mi mamá me decía: ‘Duérmase, cabrón’. Y me entraba el sueño”. (Reflejo condicionado de Pavlov: Firuláis-campana-saliva).
Aquellos antropófagos eran vegetarianos: sólo se comían las palmas de las manos, las plantas de los pies, la manzana de Adán y la flora intestinal.
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