Para unos es una defensa de sus derechos y para otros es un chantaje al gobierno, pero es inocultable que esta vez la multitudinaria protesta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) fracasó. Fue derrotada por sus excesos, por el Mundial de Fútbol al que irónicamente consideró su principal elemento de presión, y por la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de consultar, en materia educativa, ya no a las cúpulas sindicales, sino directamente a los maestros.
Acostumbrados a presionar en busca de ampliación de salarios, prestaciones o dádivas económicas, los líderes magisteriales no supieron leer que, realmente, sus pretensiones representan un porcentaje demasiado alto del presupuesto nacional y, en consecuencia, el gobierno no podía ceder ante su amenaza de interferir o impedir la cetlebración del Mundial de Futbol, sobre todo en la Ciudad de México.
Cuando lo intentaron, sus huestes fueron contenidas, nunca reprimidas, por la policía de la Ciudad de México, con el beneplácito de la sociedad capitalina, que casi en su totalidad reprochaba al gobierno su inacción ante los excesos de la movilización magisterial, durante la cual ha habido destrozos en diversos edificios, esculturas derribadas, vehículos dañados y tránsito dislocado durante semanas.
Los maestros fueron contenidos no sólo por la policía capitalina en su intento de irrumpir en el Estadio Azteca, sino también por aficionados. Además, decenas de miles de estos tampoco permitieron que, en el Zócalo, se les privara de su “Fan Fest”.
Los maestros —disminuido ostensiblemente su número en CDMX— tendrán que irse pronto de la capital y dejarán atrás una cauda de repudio de los capitalinos que no pudieron llegar a su trabajo, a la universidad o a abordar un avión a causa de los bloqueos, pero también dejarán la malquerencia de cientos de comerciantes del Centro Histórico que perdieron cientos de millones de pesos en ventas porque los profesores se apoderaron del espacio público.
Además, aun cuando se pone poco énfasis en ello, los maestros huelguistas causaron un daño todavía mayor porque dejaron sin escuela a cientos de miles de niños, un millón 390 mil alumnos, de acuerdo con cuentas de El Universal.
Los docentes tienen derecho a defender sus intereses y a pelear por ellos, cierto, pero no a la intransigencia ni a causar daños a la educación pública, sobre todo en zonas donde existen retrasos de diversa índole como Oaxaca, Chiapas y Guerrero.
Su conducta refleja una falta de compromiso con su importante tarea y obliga a preguntar si la Secretaría de Educación Pública (SEP), a cargo de Mario Delgado, no puede aplicar medidas de apremio que disuadan el abandono de las aulas por largos períodos.
El tiempo dirá si la nueva estrategia presidencial tiene éxito, pero cuando las cúpulas se niegan al acuerdo, a pesar de concesiones económicas y operativas del gobierno, parece muy sensato consultar a los docentes directamente.
El control de las plazas. En sus esfuerzos por evitar las marchas y bloqueos de la CNTE en la capital del país y en otras ciudades, el gobierno federal formuló diversos ofrecimientos, incluso la revisión (y eventual desaparición) de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (Usicamm), que se encarga de la incorporación, promoción y asignación de plazas.
Tal ofrecimiento prendió las alarmas entre especialistas e interesados en el tema, porque se leyó que equivaldría a entregar a la CNTE el manejo de las plazas, con todos los inconvenientes que tal cosa representaría.
El gobierno desmintió ese propósito y precisó que el objetivo es crear un nuevo sistema de ingreso y promoción que garantice transparencia y con el que se evite “caer en prácticas como el favoritismo, nepotismo y corrupción mediante la venta de plazas”.
Como quiera, la CNTE rechazó el ofrecimiento y se negó a levantar su “huelga nacional” y abandonar sus campamentos en la Ciudad de México.
Ese rechazo fue la gota que colmó la tolerancia gubernamental, y la Presidenta anunció que no habrá, al menos en ese rubro, más negociaciones con los líderes de la CNTE, las cuales serán sustituidas por consultas directas a profesores.
Es importante que el gobierno haya precisado que su ofrecimiento no tendía a entregar a un sindicato funciones que corresponden exclusiva o esencialmente al Estado, sin dejar de escuchar —por supuesto— señalamientos o sugerencias de los representantes magisteriales, pero sin darles un papel decisorio.
Lo que sí debe garantizarse es la imparcialidad y transparencia en los procesos de ingreso y ascenso del magisterio, sin prácticas nocivas que son bien conocidas en los diferentes estratos de la educación pública en México.— Ciudad de México.
Periodista
Los maestros tendrán que irse y dejarán atrás una cauda de repudio de los capitalinos y la malquerencia de los comerciantes…
